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Las desafortunadas revelaciones de la crisis delictual de julio 2013

Las desafortunadas revelaciones de la crisis delictual de julio 2013

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Las desafortunadas revelaciones de la crisis delictual de julio 2013

Desde que escribí el artículo publicado en este espacio la semana pasada -- en el que planteé tres posibles explicaciones sobre el abrupto incremento en la cantidad de homicidios registrado a principios de julio--, diferentes acontecimientos han validado el análisis allí planteado. Adicionalmente, dichos sucesos han revelado una preocupante realidad en relación a las actuales condiciones y capacidades del Gobierno y su aparato de seguridad, las pandillas y los funcionarios recién designados al frente de la Policía y el Ministerio de Justicia y Seguridad Pública.

Raúl Mijango --personaje que se autoproclama "representante de la sociedad civil" y "mediador" dentro de la ficticia realidad fabricada por el Estado para explicar el traslado de los principales cabecillas pandilleros a cárceles menos seguras-- se encargó de proveer los insumos necesarios para conocer la situación actual. Mijango, en el marco de la escalada de homicidios de la semana pasada, apareció en los medios recriminando a todos los que cuestionan, critican o dudan de la oscura negociación entre el Gobierno y las estructuras criminales, señalando que la actitud negativa propiciada por las opiniones de disidentes generó el incremento en la cantidad de homicidios.

En sus declaraciones iniciales sugirió que él era la única persona con la influencia y poder para controlar la crisis delictual pandillera y, no sólo eso, prometió hacerlo en menos de setenta y dos horas. Sin embargo, condicionó el éxito de su gestión en función de la posición adoptada por las autoridades gubernamentales ante planteamientos vinculados a las pandillas. Mijango, pocas horas después, reveló que el Gobierno respondió con una postura complaciente e incluso aseguró que sostuvo una reunión en casa presidencial con el presidente Funes y su esposa para discutir el tema. En días subsiguientes en efecto bajaron los asesinatos.

Aunque Funes intentó matizar la gravedad de haber platicado con el máximo interlocutor de las estructuras de mando pandilleras, argumentando que citó a Mijango para pedirle explicaciones sobre sus indignantes declaraciones iniciales; el mandatario aseguró que la estrategia de seguridad no cambiará su rumbo y continuarán con "la tregua". Los ingenieros Perdomo y Pleités, ministro de Justicia y director de la Policía, respectivamente, después de pasar inexplicablemente ausentes durante la crisis de homicidios, limitándose a publicar cortas declaraciones y fotografías en las cuentas de sus instituciones en las redes sociales (que se asemejan más a "pruebas de vida" que a otra cosa), esta semana brindaron entrevistas a los medios.

El ingeniero Perdomo estuvo en un programa de entrevistas el miércoles por la noche y, aunque considerando la situación el entrevistador fue en extremo clemente, el nerviosismo y la falta de claridad fueron evidentes en las explicaciones brindadas por el funcionario. Muchas de ellas bastante similares a las posturas adoptadas en un momento determinado por su antecesor. Además, Perdomo pasó de descartar totalmente la participación del Gobierno en "la tregua" a asegurar que ahora formará parte de la estrategia gubernamental. Un claro cambio de posición después del repunte de homicidios, la posterior reunión del presidente y Mijango, y la consecuente reducción de asesinatos.

Estos acontecimientos dejan claro que la negociación entre las pandillas y el Estado ha propiciado que: (1) dichas agrupaciones logren cohesionarse y alcancen niveles de organización y sofisticación delictual sin precedentes; (2) el aparato de seguridad no tenga la capacidad para hacerle frente a una crisis delincuencial como la propiciada por las pandillas; (3) los funcionarios recién designados no tengan la capacidad, experiencia, conocimiento o trayectoria para enfrentar adecuadamente una crisis como la que experimentamos en este mes y, mucho menos, diseñar una estrategia que enrumbe al aparato de seguridad por el camino correcto; (4) la balanza de poder, en el marco de la negociación entre el Estado y los cabecillas pandilleros, se incline en favor de estos últimos.

*Máster en Criminología y Ciencas Policíacas.

@cponce_sv