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Las cruces del Redondel Sandino…

Cuando la sociedad desaprueba el comportamiento de los políticos y reclama públicamente una actuación diferente no lo hace con la intención de romper violentamente con el poder establecido

A dos días del acuerdo de la “interpartidaria”, suscrito en Concepción de Ataco, un grupo ciudadano reivindicó la instalación de varias decenas de cruces en el Redondel Sandino. Previamente un periódico de circulación nacional dedicó su portada al luto que viven los salvadoreños. Más impresionantes aún fueron las cuatro páginas de este rotativo, en su edición del pasado miércoles, con los nombres de gran parte de las más de novecientas víctimas de la violencia durante el mes de agosto, muchas de ellas menores de edad. 

Los dos acontecimientos representan actos políticos de gran envergadura. Si bien los consensos de Ataco, en palabras del presidente del COENA, no significan un aval de la principal fuerza de oposición al rumbo del país, sí enarbolan la bandera de la unidad en el combate a la inseguridad. Los partidos políticos, aunque tarde y presionados por las estadísticas de homicidios, reaccionaron finalmente a la escalada de violencia que ha venido en aumento en los últimos meses. Los resultados de este esfuerzo deben ser reconocidos y al mismo tiempo estrictamente auditados por diferentes organizaciones de la sociedad civil. De lo contrario no pasará de un simple acto propagandístico, cuyo registro tendrá que activarse en la memoria de los votantes durante las elecciones legislativas y municipales de 2018 y en las presidenciales de 2019.

La contribución de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para el cumplimiento de la “declaratoria conjunta” será fundamental. Su cometido es el de avenir a las partes para que perseveren en la actitud concertadora que demostraron el pasado fin de semana, la concreticen con tareas y obras efectivas y de alto impacto y la trasladen a otros aspectos que también requieren de atención, diálogo y consensos urgentes.

Por otra parte, la instalación de cruces en el Redondel Sandino es otro hecho sin precedentes, lo mismo que las dedicatorias de los periódicos, porque destacan el sufrimiento de miles de familias y dotan de identidad a los números fríos que nos indican la cantidad de asesinatos a los que nos enfrentamos diariamente, sin descanso alguno. Después de varios quinquenios con una abultada tasa de homicidios, por primera ocasión algunos ciudadanos, aunque todavía en el anonimato, se atreven a alzar la voz para exigir un alto a la recurrente violación del derecho a la vida. No se trata de un episodio de desestabilización sino más bien de un grito desesperado de auxilio. No se limitan a señalar con el dedo acusador a los encargados de la seguridad y a los partidos políticos sino que asumen su propia responsabilidad como parte de esa ciudadanía insensible a la que ya no le sorprenden los crímenes más atroces.

Los periódicos por su parte, a los que el gobierno continúa llamando para que realicen un “enfoque más responsable” de los hechos de violencia, se limitan a trasladar los datos publicados por Medicina Legal y por la Policía Nacional Civil. Interpretar que las protestas sociales en contra de la inseguridad y la cobertura de los medios en este ámbito persiguen una agenda política, no es serio ni abona al espíritu dialogante que los partidos parecen haber reencontrado en tierras occidentales. Ciertamente los delincuentes, sobre todo aquellos que viven de la extorsión, se benefician de la publicidad que reciben sus deplorables acciones, principalmente cuando se trata de víctimas que encontraron la muerte por no acceder a la entrega del dinero. Por esa razón, sin esconder los incidentes violentos de cada día, también es importante que se destaquen en primeras planas las condenas que reciben los que cometen estas fechorías, la voluntad decidida de los policías por capturarlos, además de aquellas historias en las que de manera exitosa ha sido posible la rehabilitación y la reinserción de expandilleros y las de las empresas que les han extendido la mano, en todos los casos protegiendo la identidad de los protagonistas.

Los convenios partidarios y las reivindicaciones ciudadanas son dos caras de una misma moneda. Aquellos representan la envoltura en la que deberían encajar perfectamente estos últimos. Al final de cuentas las fuerzas políticas no son más que expresiones de la voluntad popular que están obligados a responder a las exigencias de la colectividad. Cuando la sociedad desaprueba el comportamiento de los políticos y reclama públicamente una actuación diferente no lo hace con la intención de romper violentamente con el poder establecido. Su único interés es que atiendan y resuelvan los problemas que aquejan a las mayorías. Ese es precisamente el significado de las cruces del Redondel Sandino y no otro. Son símbolos de la tragedia que vivimos, pero también, y sobre todo, son el signo de la redención que llena de esperanza a todos los seres humanos.

*Columnista de El Diario de Hoy.