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Las cartas de Almagro a Maduro ¿Una nueva OEA?

El sucesor de José Miguel Insulza aludió a un “golpe directo a la voluntad del pueblo” por parte del oficialismo al tratar de manipular a las entidades públicas con el propósito de obtener fallos que le permitan desconocer el triunfo

Las cartas de Luis Almagro a Nicolás Maduro restablecen el protagonismo político de la Organización de los Estados Americanos (OEA), debilitan aún más al ya desgastado gobierno venezolano y representan un espaldarazo a los sistemas democráticos del continente. El nuevo titular de este organismo regional parece dispuesto a enmendar muchas de las omisiones de su antecesor. El silencio ante el aniquilamiento de la institucionalidad en Nicaragua, la indiferencia frente al “ventajismo oficial” que se viene perpetrando en varios países latinoamericanos cuando las campañas de los candidatos de gobierno son financiadas con recursos del Estado y la blandura con la que se trató a Evo Morales cuando violó la disposición constitucional que prohíbe al presidente boliviano postularse a la reelección en el cargo por un tercer período, son algunos de los casos que no fueron atendidos debidamente por el principal foro gubernamental del hemisferio.

Con su misiva del pasado 12 de enero al presidente de Venezuela, el nuevo Secretario General de la OEA les devuelve la esperanza a los latinoamericanos. La contundencia de su mensaje, amparado en la Carta Democrática Interamericana, es una advertencia para aquellos gobernantes que pretenden abusar del poder e ignorar la voluntad popular. Sin rodeos y con una claridad meridiana, Almagro reclamó a Maduro el incumplimiento de su promesa para respetar los resultados de las elecciones legislativas del 6 de diciembre de 2015 en la que resultó ganadora indiscutible la Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

El sucesor de José Miguel Insulza aludió a un “golpe directo a la voluntad del pueblo” por parte del oficialismo al tratar de manipular a las entidades públicas con el propósito de obtener fallos que le permitan desconocer el triunfo de sus adversarios políticos. Señaló en su escrito el perjuicio que le  causa a un Estado la elección de militantes partidarios para dirigir las instituciones. “La trayectoria política de los funcionarios es incompatible con la imparcialidad y objetividad para juzgar que requiere el ejercicio de la justicia. El Estado de Derecho pierde credibilidad con un sistema judicial percibido como parcial”. Su reclamo obedece al nombramiento de 13 nuevos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, políticamente comprometidos con el oficialismo, a pocos días de tomar posesión la nueva Asamblea con mayoría opositora, cuya Sala Electoral anuló la proclamación de los tres diputados del Estado de Amazonas juramentados por el Consejo Nacional Electoral y con los cuales la MUD alcanzaba la “súper mayoría” de 112 votos en la Asamblea.

El nuevo Secretario General de la OEA se refirió a la “erosión de la democracia” que se vive en Venezuela. Advirtió que se está utilizando el poder público para silenciar y acosar a la oposición, que existe una clara violación de los frenos y contrapesos propios de la separación e independencia de poderes, que se han dado nombramientos oportunistas de miembros del poder judicial y que hay injerencia en distintos Órganos del Estado. 

Con anticipación a las elecciones, en noviembre de 2015, Almagro envió otra epístola en la que contestó las ofensas de Maduro quien le llamó “basura de la OEA” por condenar el asesinato de un político venezolano. “Pido solamente que cada militante y cada estudiante – de la filiación política que sea- puedan salir a expresarse en paz política y socialmente, y pueda estar seguro de volver tranquilo a su casa; que cada político, desde el mejor al peor, sean protegidos, estén a salvo de cualquier atentado por el motivo que sea. Ser basura sería pedir y querer lo contrario”.

La firmeza del ex canciller del gobierno de Pepe Mujica en el Uruguay, ahora responsable de la secretaría general de la OEA, encaja perfectamente con las pretensiones ciudadanas a nivel continental que aspiran a más democracia, más transparencia y más eficiencia en la administración del Estado. Esta semana, Almagro inauguró la “misión contra la corrupción y la impunidad” en Honduras y se comprometió a garantizar que esta no sea una “formalidad más”. Su actuación en Venezuela y la incursión en el ámbito anticorrupción en Centroamérica auguran un futuro alentador para Latinoamérica y un “dolor de cabeza” para quienes promuevan acciones antidemocráticas.
 

*Columnista de El Diario de Hoy.