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¿Y las cárceles y…?

Luego de realizar una serie de actos previos que advertían que el gobierno preparaba "algo" en materia de seguridad, se ha concretado que finalmente el Ejecutivo decidió enfrentar a las maras, aun cuando eso implique, al menos por el momento, una escalada en la violencia, atentados y muertos, especialmente.

En principio la ciudadanía no puede sino apoyar esta gestión. No cabe duda que fuera como fuera, el actuar de las maras había excedido, y con mucho, el mero actuar delincuencial; con el agravante que a su lado o bajo su sombra otros grupos delincuenciales han estado sacando agua para su molino.

Al salvadoreño normal, los que solo podemos ver y en algunos casos comentar, nos sorprenden ciertos matices o vacíos en esta forma de actuar del gobierno, especialmente si estamos hablando no de acciones coyunturales, si no enmarcadas en una estrategia que tenga como propósito retomar los territorios para la comunidad.

Surgen algunas interrogantes luego del anuncio de los cambios en la policía y la formación de tres batallones militares de reacción especial, o de limpieza como dijo el comisionado Hasbún, entendida esta no como un exterminio si no como unidades de "barrido" o ataque ante situaciones específicas o lugares tipo campamento que las maras puedan tener, pues parecieran referirse a una forma de ataque focalizado a las maras, lo que sería necesario pero no suficiente.

Estas interrogantes se refieren a varios temas:

¿Luego de barrer la zona, o sea de desplazar los delincuentes en el área (municipio, colonia o cantón) ¿qué fuerza pública queda manteniendo el territorio? O sea ¿qué nos garantiza que no vuelvan?

Consolidado que fuera el territorio ¿qué autoridad y bajo qué enfoque se reconstruirá el tejido social?

¿Cuándo se hará el anuncio de la oferta para que se desmovilicen los mareros que lo deseen y bajo qué condiciones?

Y la que más sorprende: ¿dónde están las nuevas cárceles o campamentos?

Estas preguntas son importantes de contestar y que la ciudadanía comprenda y sepa si las respuestas están ya incluidas en el plan del gobierno, o si vamos a coyol cortado coyol comido.

Preocupa que un ministro del área seguridad o defensa manifieste que los enfrentamientos son coyunturales, pues si lo tratamos de traducir significaría que estamos frente escaramuzas de fuerza, donde se espera que las pandillas cedan y las suspendan; pero en el mejor de los casos dicho resultado equivale a regresar al estatus de hace un año, con maras en control del territorio, cobrando impuestos vía extorsión, pero no alardeando de matar policías o soldados.

Para mí es relevante que quede claro, que ni la policía ni los soldados han salido a combatir a las pandillas por venganza de sus muertos, lo que por su puesto merece nuestra solidaridad, y para ello se nos debe dejar claro, y a ellos también, que han salido a defender a la sociedad y que el propósito no es bajarles la combatividad a las maras, es que se desarticulen y dejen de infundir terror en las colonias, en los buses, en las empresas y en los cantones, es decir que dejen de ser dueños de nuestra vida y nuestra tranquilidad.

Pueda ser que no se logre su disolución, pero sí quedan como un fenómeno clandestino y minimizado, con un carácter endémico más que epidémico o pandémico, ya como sociedad habríamos ganado.

Puede ser que esto último sorprenda, pero creo es bastante más lógico este resultado que un desvanecerse completo del fenómeno pandilleril.

*Abogado.