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El lado oscuro del chavismo venezolano

Los hechos y circunstancias apuntan a que el rico país de Suramérica está siendo desvalijado y que los pretrodólares se reparten entre jerarcas políticos, lo que en realidad no extraña a nadie. En efecto, antes que se instalara el chavismo es probable que también se haya robado en gran escala, pero al menos se veía progreso, prosperidad y se disfrutaba de libertad. Ahora los indicios son que el robo y el enriquecimiento son mayores que antes pero en un país estancado que sobrevive con racionamientos en un clima de controles, restricciones, persecuciones e incertidumbre.

Naturalmente siempre hay personas que se aprovechan de río revuelto, más de alguno con resentimientos antiguos, fundamentalistas ideológicos y mucha gente sencilla y desinformada que ven con fascinación y embeleso la retórica de esperanzas huecas de Nicolás Maduro, que acuse a los EUA de injerencia pero nada diga de la intromisión de Cuba, que infle el aparato estatal con legiones de delatores e informantes pagados pero sin resolver el problema del desempleo, que regale casas a sus partidarios sin resolver el problema de la vivienda y que persiga con más entusiasmo a los opositores que a los corruptos y delincuentes. Basta citar el ejemplo de los resultados de la investigación realizada por la justicia de Andorra que duerme en la fiscalía venezolana y cuyos implicados nunca fueron juzgados y gozan de plena libertad.

En el 2013 se montó un fraude electoral para que ganara Nicolás Maduro, se señala el involucramiento del presidente de la Asamblea venezolana con el narcotráfico, la expedición de pasaportes diplomáticos a los implicados en red de lavado de dinero producto del tráfico de drogas, el manejo caprichoso de los dineros de la nación como si fueran cuentas personales del presidente, la planeada tendencia a esconder toda información que evidencie el colapso económico, lo que incluye represión sobre la banca venezolana, por cierto un reflejo del dicho popular "matar al mensajero y no al mensaje", reducción del producto interno bruto y la más baja inversión, una inflación imparable mayor del 60% y un desabastecimiento de alimentos y productos de primera necesidad sin precedentes en la historia del país.

El método para mantenerse en el poder sigue siendo la manipulación de las necesidades de los pobres y generar esperanzas engañosas como dar pan al hambriento y luego amenazarlo con quitarle el pan si no vota a favor, junto a una intensa propaganda al estilo del expresidente Funes como para convencerse a sí mismo que los resultados de las elecciones son la más pura expresión de democracia y transparencia. Complementada con alinear a la población en contra de un supuesto enemigo común, para el caso contra los oligarcas de la derecha (los de izquierda están blindados) y contra al "imperialismo de Washington". En forma similar como lo hacía Hitler empujando la opinión popular en contra de los judíos a quienes culpaban de todos los males.

Al final de cuentas la cacareada revolución que repite a cada instante el presidente Maduro tiene más de hitleriana que de bolivariana, porque no creo que Bolívar apruebe las cosas que están ocurriendo en Venezuela. Y para justificar la cacería de opositores su equipo de asesores constantemente inventa teatrales conspiraciones y confabulaciones. La cacería de brujas ha llegado a tales extremos que se sospecha de alguien con solo que éste no luzca colgada de la pared una fotografía del comandante Chávez.

*Colaborador de El Diario de Hoy.