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Kilroy y las pensiones

Que las pensiones no nos pasen desapercibidas. Meterse con este tema no implica lidiar únicamente con tasas de interés, rentabilidad y mecanismos financieros

En 1983, la banda estadounidense de rock progresivo Styx lanzó uno de sus más conocidos materiales, su onceava producción titulada Kilroy Was Here (Kilroy estuvo aquí), en la cual narran a lo largo de nueve canciones, y guiados por la voz de Dennis DeYoung, la historia de un cantante capturado por un grupo de moralistas musicales que debe idear un plan para escapar de sus prisioneros.

En este disco se pueden encontrar maravillosas canciones como la suavecita Don’t Let It End, los beats poco convencionales de High Time, o la velocidad de Heavy Metal Poisoning, pero me atrevo a decir que el disco es recordado por una sola línea: ‘Secret, secret, I’ve got a secret (Secreto, secreto, tengo un secreto),’ proveniente de Mr. Roboto.

Más allá de una recomendación musical (que es válida, ¡escuche este disco!), quiero expresar mi preocupación por una ola que se avecina en El Salvador. Como ha sido reportado en los últimos días, el Gobierno está tratando nuevamente de introducir reformas al sistema de pensiones, las cuales desde el año pasado vinieron generando alarma en diferentes sectores por lo que estas significarían para los ahorros de los trabajadores. Digámoslo más claro, ¡para su dinero y el mío!

Resulta que el Gobierno se ha metido a sí mismo en un terrible problema de caja y en su radar ha aparecido un jugoso botín digno de exprimir: el fondo de pensiones, que asciende a más de ocho mil millones de dólares. Son varios ceros que emocionarían a cualquier funcionario emproblemado, pues le dan liquidez, rango de maniobra y un momentáneo sentido de euforia que, traducido a conductas del sector público salvadoreño, quizá desencadenaría un incremento de gasto público digno de fin de semana de ‘shopping’ como se ve en las películas tipo ‘chick flick’.

El dinero por el que usted ha ahorrado, el cual debería estar siendo invertido en instrumentos rentables para que al retirarse usted tenga una pensión digna, podría ser usado para cubrir -momentáneamente- los agujeros cavados por una gestión irresponsable, mientras se les ocurre otra excusa u otra organización benevolente que decida prestarle al pésimo socio en que se ha convertido nuestro Gobierno.

Sin embargo, el tema que más me preocupa se parece más a Mr. Roboto que a los argumentos técnicos rodeando la poca rentabilidad de su pensión. Cuando nuestros funcionarios públicos anunciaron que venía esta posibilidad de reforma, aseguraron que esta sería profundamente consultada con los diferentes sectores involucrados, pero estos afirman que no se les ha consultado, a pocos días de la posible presentación de los cambios.

Secret, secret, I’ve got a secret, pareciera que nos quiere decir el gobierno. Hay un tema importante, capaz de cambiar el futuro de cientos de miles de salvadoreños que mes a mes cotizan en el sistema, y se está manejando debajo de la mesa, como si hubiese algo digno de esconder en lo que están a punto de recetarles.

Recientemente, el gobierno ha intensificado la previamente existente cultura de apresurar los temas polémicos. Los decretos exprés y los madrugones han dado la bienvenida a un nuevo miembro de esa nefasta familia: las sanciones en secreto, por cortesía del Señor Presidente quien, sin contarle a nadie, da su visto bueno para la entrada en vigencia de nuevas leyes mientras sus voceros afirman que las sigue estudiando.

Que las pensiones no nos pasen desapercibidas. Meterse con este tema no implica lidiar únicamente con tasas de interés, rentabilidad y mecanismos financieros. Póngalo en blanco y negro: es su pisto el que está en juego y no le quieren decir qué planean hacer con él. ‘Secrets, secrets’ del Gobierno.
 
Estimado lector, debemos despertar y exigir cuentas a nuestros gobernantes. Afortunadamente, Dennis DeYoung nos regaló una fórmula un par de canciones más tarde en el disco en cuestión. En High Time, nos dice que “es momento de empezar una revolución”. No una violenta y destructiva, sino una en la que “se penalicen los privilegios” de los que por tantos años han tomado decisiones con nuestros recursos.

Termina DeYoung pidiendo que seamos la generación que “tome una postura en lo que cree. No importa si ganamos o perdemos, estaremos defendiendo lo correcto”. 


*Columnista de El Diario de Hoy.