Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

4 de julio, en complejo contexto global

El reciente 4 de julio tuvo que haber sido tiempo de reflexión sobre los acontecimientos en Irak y Ucrania, así como las relaciones entre Alemania y los Estados Unidos y también sobre la frontera en lo que respecta a la inmigración ilegal, especialmente de niños y adolescentes. Así está el contexto del día de la fundación de esa gran nación, los Estados Unidos.

Muchos hoy se preguntan si Estados Unidos se ha desviado de la visión de los fundadores en materia de política exterior. Sin embargo está viva la idea de Thomas Jefferson de que Estados Unidos debe perseguir "la paz, el comercio, y amistad justa con todas las naciones".

Como sabemos, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, ha manifestado que quiere reducir los enredos de su nación en el mundo. Irónicamente, muchos en el ala de la derecha quieren lo mismo. Hay un anhelo común de un Estados Unidos que aproveche su distanciamiento con el resto del mundo para evitar la excesiva implicación con los conflictos globales. Si el deseo de Jefferson puede constituir una estrategia agarrada de la mano con ese compromiso, incluso podría convertirse en una cuestión digna para una fiesta conmemorativa global relacionada al 4 de julio. Pero hay una cuestión más profunda: ¿Ese deseo se puede constituir en una estrategia que favorezca los intereses de Estados Unidos?

Es de considerar que Estados Unidos, como nación independiente, surgió de un cruce profundo en los asuntos internacionales, extrayendo su independencia a través del aprovechamiento sagaz de los fundadores de las tensiones entre Gran Bretaña y Francia. Desde el inicio del proyecto de Estados Unidos de América, su enredo en Europa era inevitable. La federación de colonias nació a partir de ese enredo y sobrevivió gracias a la habilidad y la audacia con la que los fundadores gestionaron su involucramiento en ese enredo. Lo importante hoy es que la autosuficiencia económica era el sueño de los fundadores. Tenían que abogar por la libertad de comercio y desde el principio, el comercio internacional trajo conflictos y guerras.

Lo que socava la paz deseada de los fundadores, entre ellos Washington y Jefferson, era la necesidad de expandir y mantener un comercio próspero. Esto hizo que Estados Unidos, que en esa época era débil y vulnerable ante Gran Bretaña y Francia, e incluso los otomanos, actuara inteligentemente y con gran visión.

Estados Unidos es mucho más potente hoy en día. Su producto interno bruto constituye más del 20 por ciento del PIB mundial. La inmensidad de la economía estadounidense hace que obligadamente se entrometa en todas partes, al punto que los intereses estadounidenses vayan intrínsecamente unidos al resentimiento extranjero, lo que crea de forma constante amenazas y desafíos.

Tanto el deseo del presidente Obama, así como el deseo de las izquierdas y derechas, a limitar sus compromisos es comprensible. Los fundadores querían su prosperidad sin pagar el precio de intervención en el exterior, pero la prosperidad depende de una cuidadosa gestión de las relaciones exteriores.

Hoy en día la vulnerabilidad de Estados Unidos es mucho más sutil y compleja, pero el principio sigue siendo el mismo. No se puede estar enredado económicamente en el mundo sin estar también enredado política y militarmente. Lo que hoy se puede hacer es retomar como legado lo que hicieron Washington y Jefferson: tener un sentido claro de los intereses y de la justicia nacional y evitar todos los enredos. Por desgracia, el interés y la justicia nacional no siempre son fáciles de definir, y es todavía más difícil llegar a un consenso sobre lo que hay que hacer.

* Colaborador de El Diario de Hoy.

resmahan@hotmail.com