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Juana de Arco, Santa Patrona de Francia

Todo pueblo tiene su epopeya. Sus héroes y heroínas son sujetos surgidos de circunstancias históricas, de coyunturas críticas, que forjan la nacionalidad. Mitos y leyendas rodean a estos valientes y a resultas de confrontadas visiones ideológicas su lucha es a veces incomprendida, a veces tergiversada, hasta que la historia la reivindica.

Glorioso ejemplo lo aporta la Francia del siglo XV. La France, rica en historia de gran influencia universal de la cual muchos pueblos se han inspirado para forjar repúblicas democráticas y constitucionalistas. Y por recientes sucesos, es digno evocar a esta heroína francesa, la Doncella de Orleáns.

Juana de Arco (1412-1431) nació en el seno de una familia campesina, su infancia transcurrió durante la guerra de los Cien Años que enfrentó, por el trono francés, al Delfín, el primogénito de Carlos VI de Francia, con Enrique VI de Inglaterra. Las fuerzas inglesas ocuparon el norte de Francia con apoyo de los borgoñones.

A los trece años, Juana confesó sus visiones del Arcángel Miguel, Santa Catalina y Santa Margarita, declarando que sus voces la exhortaban a llevar una vida devota y piadosa. Su profunda fe católica la llevó a afirmar haber recibido de Dios una misión, inaudita para una campesina: dirigir el ejército francés, coronar como rey al Delfín, en Reims y expulsar a los ingleses de Francia.

Así, en 1428 Juana viajó hasta Vaucouleurs para unirse a las tropas del príncipe Carlos, pero fue rechazada. A los pocos meses, el asedio de Orleáns por los ingleses agravó la situación francesa y obligó al Delfín a refugiarse en Chinon, localidad a la que acudió Juana para informar al Delfín en persona acerca del carácter divino de su misión. El príncipe accedió confiarle el mando de un ejército de cinco mil hombres, con el que Juana de Arco consiguió derrotar a los ingleses y levantar el cerco de Orleáns. Las campañas militares victoriosas de Juana franquearon al Delfín el camino hacia Reims y permitieron su coronación como Carlos VII de Francia.

Cumplida su misión, Juana dejó de oír las voces y pidió al rey de Francia volver a casa, sin embargo no le fue posible. Juana participó en el infructuoso ataque contra París y luego en el asedio de Compiègne donde fue capturada por los borgoñones (mayo de 1430). Juana fue entregada a los ingleses y trasladada a Ruán.

Juana de Arco enfrentó un tribunal eclesiástico en un juicio totalmente irregular, acusada de que las voces que escuchaba no provenían de Dios, sino del diablo. Pretendían así desprestigiar a Carlos VII como seguidor de una bruja. Tras un proceso inquisitorial conspirativo de tres meses fue declarada culpable de herejía y hechicería.

Juana, valientemente sostuvo su inocencia y el origen divino de las voces que escuchaba, demostrando una gran fe en su causa y en Dios. Sin embargo, fue condenada a la hoguera y ejecutada el 30 de mayo de 1431 en la plaza del mercado viejo de Ruán.

En 1456 Juana de Arco fue reivindicada por el papa Calixto III, a petición del rey de Francia se revisó el proceso. La Iglesia Católica la considera mártir y es símbolo de la unidad francesa. Fue beatificada en 1909, canonizada en 1920 y proclamada la Patrona de Francia.

Otras heroínas como la legendaria Juana de Arco han sido, en la historia, víctimas de linchamiento político por quienes ostentan autoritariamente el poder. Atropelladas y ofendidas en juicios irregulares. Pero sus acciones heroicas y declaraciones terminan validadas por la historia.

La semana pasada fuimos testigos de un paralelismo histórico, con un desafuero y expulsión del Pleno legislativo que trae la reminiscencia de esta francesa excepcional.

* Colaborador de El Diario de Hoy.

resmahan@hotmail.com