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James Foley ¿acontecimiento-presagio?

La decapitación del periodista norteamericano James Foley por el Estado Islámico, que opera en Siria e Irak, sin duda es algo mucho más que horrible y trágico. La difusión de la decapitación se trató de cinematografía sofisticada y profesional, con mensajes simbólicos eficaces.

Foley vistió un traje naranja que recuerda el uniforme de los prisioneros de Estados Unidos en Guantánamo, muchos de ellos musulmanes. El periodista, antes de morir hizo una confesión con fuerza, como ensayada siguiendo un guión. Su verdugo, enmascarado y vestido de negro, hizo extensa declaración con total tranquilidad, con acento británico perfecto, recreando una escena bien ensayada.

Según la opinión de muchos expertos esta peculiar "matanza" fue el requisito obligado para dar exacerbada contundencia al mensaje enviado, a nivel internacional. Afirman estos expertos que hay maneras más dolorosas para la víctima sometida a un sacrificio mortal, si realmente se odia a la víctima por lo que representa y se quiere que ella sufra de manera extrema. Se puede incinerar vivo, se le puede torturar, mutilar, etc., hasta provocarle la muerte.

Pero la decapitación, por el contrario, mitiga el sufrimiento a la víctima, hace que pierda el conocimiento en segundos una vez que una de las arterias principales del cuello se corta. La decapitación, sin embargo, ha sido en la historia el mejor método de ejecución pública para generar impacto en los que presencian el acto bárbaro, no se diga de manera masiva como fue mostrarlo en video subido a la red, ya que es dramático mostrar la cabeza cortada y separada del tórax.

Con la elaboración de un dramático video subido a la red, el Estado Islámico envió los siguientes posibles mensajes:

"No jugamos con tus reglas. No hay límites a lo que estamos dispuestos a hacer".

"El maltrato a los musulmanes en Guantánamo viene con una etiqueta de precio, después de todo somos un Estado, tenemos nuestros combatientes para aniquilar al enemigos como puede verse en el vídeo. Y nuestra propia forma de tratarlos".

Otro mensaje que podría leerse: "El hecho que observen que no tenemos límites, no significa que nos falte sofisticación. Podemos ser tan sofisticado como Occidente".

Basta escuchar el acento británico del verdugo. Y la capacidad de producir un cortometraje subido a la red con estándar calidad Hollywood.

El mensaje inequívoco es: "Queremos destruirlos a todos ustedes en Estados Unidos, a todos ustedes en Occidente, y a todos que en el mundo musulmán no acepten nuestra versión del Islam".

Los fundamentalistas están convencidos que sólo ellos tienen acceso a la verdad, que cualquier cosa que hagan es santificada por Alá, el Dios verdadero.

La historia da cuenta de ello. Por ejemplo, la ejecución y desaparición del Zar Nicolás II y la familia real en 1918 (explicada con misticismo peculiar en Sympathy for the Devil, de los Rolling Stones) fue un crimen osado. Sí los bolcheviques mostraron estar dispuestos a ejecutar hasta la infanta Anastasia, que según Jagger gritó de dolor (screamed in vain), también serían capaces de asesinar en masa. El crimen de la familia real presagió los horrores de la dictadura bolchevique y el stalinismo.

Lo mismo podría decirse del asesinato del rey Faisal II de Iraq, su familia y sirvientes por los golpistas en 1958 y la posterior mutilación del cuerpo del primer ministro iraquí Nuri Said por una turba en Bagdad. Estos fueron acontecimientos-presagios de décadas de totalitarismo creciente en la forma de gobernar Irak, que culminaron con Hussein.

El asesinato casi teatral de James Foley puede parecer como algo singular, hecho aislado para muchos; pero es probable que sea un acontecimiento-presagio del embrión de algo verdaderamente terrible por acontecer en el Oriente Medio.

*Colaborador de El Diario de Hoy.

resmahan@hotmail.com