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La irresponsabilidad de las promesas electorales

Sea quien gane las elecciones presidenciales del 2014, enfrentará una situación muy complicada. La realidad es que la situación fiscal que heredará le representará un gran reto. Igual reto será la herencia que recibirá en tema de seguridad, posterior al fracaso que está resultando ser la política de la tregua.

El gobierno actual es el que con más recursos ha contado en la historia del país, ha llevado al país a niveles elevadísimos de deuda pública, pero aún así las perspectivas económicas para el país son bastante pesimistas. Añadiéndole a esto que la situación global no pareciera muy alentadora en los siguientes años tampoco, el siguiente gobierno enfrentará grandes retos y dificultades si pretende lograr un buen desempeño.

Pero la mayor dificultad no la enfrentará el gobierno. Los gobernantes siempre encuentran de dónde sacar más dinero. La dificultad la enfrentará el pueblo salvadoreño. Un mal desempeño económico para el país no es algo que afecte a los políticos. Se traduce directamente en menos oportunidades de empleo, en menos disponibilidad de crédito, en encarecimiento del costo de la vida, en incrementos en los niveles de violencia, etc.

¿Significa esto que gane quien gane las elecciones estamos perdidos y que no hay nada que se pueda hacer? No. Hay mucho que se puede hacer para darle vuelta a la situación actual. Hay medicinas comprobadas para tratar los problemas que enfrentamos, pero muchas de estas resultan ser amargas, y tienden a ser electoralmente impopulares.

Pareciera que en un entorno electoral es difícil ser honesto. La guerra de promesas genera inflación de compromisos. Así como cuando se imprime demasiado billete el dinero pierde su valor, ante tantas promesas electorales los compromisos de los candidatos se devalúan. Cada candidato busca cómo sobrepasar las promesas del anterior, teniendo cuidado de no criticar aquellas que resultan populares en las encuetas, por más irreal o irresponsable que fuera su implementación.

La verdad que hay que aceptar es que es sumamente irresponsable acudir a tantas promesas que obviamente no se podrán cumplir. Se está jugando con la esperanza de la gente. Gente que está enfrentando grandes dificultades, mucha que está sufriendo y busca aferrarse a la esperanza de que alguien pueda verdaderamente solucionar lo que enfrenta. Se les olvida muchas veces a los candidatos que los problemas no se solucionan con promesas, sino con políticas públicas sensatas y responsables.

Un verdadero estadista tiene el valor de decirle la verdad a la gente y la capacidad de hacerla entender las medicinas que son necesarias para cambiar la realidad que se vive. Sólo farsantes políticos necesitan esconderse detrás de promesas irrealizables. Tristemente nos estamos acostumbrando a ser gobernados por este tipo de farsantes. Espero que nuestro próximo presidente no resulte ser otro más.

*Colaborador de El Diario de Hoy.