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El involucramiento de la juventud en la agenda país

Diferentes situaciones me han llevado a trabajar con jóvenes, permitiéndome conocer sus perspectivas, particularmente en temas relacionados con la defensa de los valores democráticos. Ha sido un privilegio poder ver que hay tanto talento, energía y pensamiento crítico. No obstante, existen muchos retos para que sus opiniones puedan llegar a incidir.

Cuando preguntamos a los jóvenes sobre el futuro, surgen inquietudes sobre el rumbo de El Salvador. Por ahora, la agenda de país que incluye temas de seguridad, educación, política, inversiones y generación de empleo, la manejan las generaciones de la guerra y posguerra con los respectivos lastres y falta de renovación de ideas.

Los nubarrones en materia fiscal y económica están lejos de despejarse. Sin un crecimiento económico y apertura de oportunidades que propicien empleos de calidad es difícil tener predictibilidad. Lo anterior es válido tanto para adultos como jóvenes, pero cuando se empieza una vida profesional es importante posicionarse en sectores que permitan ir creciendo en experiencia, además de remuneración en base a esfuerzo.

Uno de los puntos que hace que muchos jóvenes decidan no participar más activamente en los temas del país es precisamente la inseguridad ciudadana. La atención y energía del día se gasta en tomar las medidas de protección que los alejen de los riesgos. Este es el sector más vulnerable hacia la delincuencia común y de pandillas. Más de una vez se me ha dicho "si los políticos vivieran a diario los retos a los que nos enfrentamos, ya se hubiera arreglado el problema de la delincuencia". Se percibe a los tomadores de decisión y a quienes ostentan poder, como personas que conocen, pero no viven las problemáticas y de allí que no se les dé el nivel de urgencia y prioridad. "Es que muchos viven en una burbuja… Se debe generar una política pública de seguridad ciudadana de corto, mediano y largo plazo", son parte de los comentarios que recibo.

Hay también jóvenes que por su naturaleza u oportunidades, participan activamente. Usualmente son aquellos que se vinculan a ONG o voluntariados. Dichos jóvenes tienen un perfil que les permite involucrarse en los temas de la agenda nacional. Son aquellas caras que ahora vemos en los programas de televisión dando razonamientos sumamente interesantes, críticos y coherentes. Muchos de ellos han sido activistas durante la defensa de la institucionalidad, particularmente cuando se atentó contra la independencia de la Sala de lo Constitucional. Es interesante ver cómo se sintieron motivados al punto de agruparse a pesar de no conocerse, teniendo en común el interés de vivir en un país donde se instaure el imperio de la ley, en un Estado democrático de derecho. Vale decir que muchos de estos movimientos de jóvenes no permanecen en el tiempo, pero se activan ante amenazas graves, en donde sale a relucir su liderazgo democrático. Los esfuerzos de diálogo que se realicen en el país deben considerar sus voces.

También vemos a aquellos otros jóvenes que están dispuestos a hacer activismo en redes, lo cual se vuelve un primer esfuerzo de involucramiento, ayudando a dispersar información y promover conciencia sobre las problemáticas nacionales. En muchas ocasiones el desinterés parte del desconocimiento y en ese sentido el activismo en redes puede provocar valiosos efectos. El reto entonces se vuelve en atraer la energía de estos jóvenes a acciones más allá de las redes sociales. Preocupa cuando se posiciona el pensamiento que las cosas no se pueden cambiar, que la complejidad de los problemas del país es tan grande que congele la energía juvenil. Parece que todo depende de los temas, las coyunturas y el umbral de dolor o indignación ante lo que sucede.

Por otra parte he visto que son muy pocos jóvenes los que desean entrar a participar en la vida política. En general suelen estar bastante desencantados de la política partidaria, argumentando el poco espacio que se les concede, aunque reconocen que los espacios se ganan y no se logran automáticamente. En este sentido existen amplias oportunidades para acercar a los jóvenes de todos los pensamientos ideológicos a los partidos que muestren apertura ante este sector.

El desarrollo de las capacidades de la juventud salvadoreña debe ser objeto de análisis. El país necesita sus fuerzas vivificantes, su creatividad y pasión por la vida. Por eso, las elecciones del próximo año se vislumbran como una gran oportunidad para fomentar el involucramiento de los jóvenes, quienes deben conocer y valorar el peso que tienen dentro de la sociedad, para así impulsar el desarrollo democrático; una democracia construida por todos, en las que las instituciones ejercen su función en un equilibrio de pesos y contrapesos, siempre en respeto a la Constitución.

*Columnista de El Diario de Hoy.