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Inversión china en Latinoamérica. Perspectivas

China tiene su mirada puesta en la región latinoamericana. Probablemente, éste sea el más reciente objetivo estratégico de la inversión china. Primero se centró en el sudeste de Asia, pero en gran medida China ha focalizado esfuerzos de inversión en África, donde ha tenido ventajas al no tener gran competencia, ya que no les ha interesado a las potencias occidentales entrar con inversión directa en este continente.

Pero invertir en Latinoamérica es complejo. A China le interesa áreas como minería, producción alimenticia y agricultura, así como un mercado potencial de producción de bienes de consumo. En esta región China mantiene prudencia frente a Estado Unidos. Si bien los chinos han ampliado sus actividades políticas en el ámbito marítimo y militar a lo largo de Asia, incluso en la cuenca del Océano Índico, Estados Unidos mantiene especial atención de las actividades chinas en Latinoamérica, lo que limita el despliegue de su actividad y por lo tanto de las inversiones chinas en esta región.

Particularmente es Venezuela donde los chinos tienen una millonaria inversión y a su vez enfrentan una situación difícil y compleja. China se ha involucrado en la extracción del petróleo venezolano, en proyectos que requieren a los inversionistas chinos la construcción de refinerías especializadas dedicadas al refinado y tratamiento de esta calidad de crudo pesado. Son muy cautelosos con la cantidad de inversión que ponen ahí, ya que no tienen la certeza de si la compañía estatal petrolera venezolana (PDVSA) va a ser capaz de sostener sus niveles de producción, incluso sacar el petróleo de la tierra y tener la capacidad de suministrar a sus múltiples usuarios finales.

Aunque China invierte dinero en Venezuela, no necesariamente es tan libre con esa inversión como lo ha sido en otros lugares menos regulados. Les preocupa incluso los rendimientos de esas inversiones.

Los chinos sostienen discusiones con los distintos sectores del escenario político interno venezolano, incluso la oposición. Sostienen conversaciones discretas con los militares venezolanos, con el gobierno venezolano, sólo para asegurarse que ante cualquier cambio que se perciba en el horizonte debido a la inestabilidad política y económica, sus intereses queden protegidos y permanezcan preservados. Es más, esto ha sido una especie de patrón de conducta observado en otras regiones donde China invierte. Pero el caso venezolano es complejo y no será nada fácil para las decisiones de seguir adelante, con un programa agresivo de inversiones.

A esto se suma la preocupación de la mayoría de países latinoamericanos ante la competencia con la importación de productos chinos baratos, los que ponen a los fabricantes locales al borde de la quiebra. Esto es particularmente cierto en Brasil y en México, donde hay una importante base industrial.

Pero es de considerar que los países latinoamericanos, en comparación con muchos africanos, tienen gobiernos sólidos y estables en cuanto a regulaciones de negocios y por tanto otorgan garantías de que los conflictos laborales que reporta África no necesariamente alcanzan esa magnitud y frecuencia, debido a marcos legales y a fuertes exigencias en materia de contratación y derechos laborarles. Esto hace que sea difícil para las empresas extranjeras entrar y llevarse todo el trabajo y ganancias con ellos, sin tener luego consecuencias políticas y legales en el país donde se invierte. Los sindicatos y grupos de presión de los trabajadores son muy fuertes en América Latina, ya que la región cuenta con algunos gobiernos democráticos y garantistas, que son responsables del respeto a la voluntad popular.

Existe mucha conciencia de cómo se visualizan las alianzas con la inversión extranjera y de cómo evitar no poner en peligro la popularidad de los gobiernos ante la opinión pública.

*Colaborador de El Diario de Hoy.