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Interés nacional, espionaje y diplomacia

El auténtico nacionalismo es el que privilegia el interés nacional; el que pondera objetivamente los beneficios y desventajas para el Perú en coyunturas internacionales importantes, y el que pasa a la acción política y diplomática sobre la base de un análisis racional y riguroso.

Nuestros gobiernos suelen dar por sentado que los sentimientos de la mayoría de peruanos hacia Chile son de rencor o antipatía, y adoptan actitudes "patrióticas" inspiradas en el cálculo político más que en el verdadero interés nacional. De ahí la tendencia a instrumentar una presunta y automática emocionalidad antichilena para alinear a la oposición partidaria y la opinión mediática hacia un respaldo unitario a la posición gubernamental.

Este es el trasfondo para analizar la situación creada alrededor de los suboficiales de la Marina peruana y los agentes de la inteligencia chilena que los captaron por espiar. Por más confusión que haya habido en la evolución del caso, debemos creer al Canciller cuando afirma que existen hechos fehacientes y responsables individuales identificados. Pero ambas cosas revelan el pobre nivel de los procesados por traición, y el contenido probablemente inocuo de la información vendida por platos de lentejas. Inocuo, digo, porque en prestigiosas publicaciones especializadas, como JANE'S o SIPRI, se actualizan permanentes datos precisos sobre el armamento del Perú y Chile. Además, con las tecnologías disponibles y la sofisticada inteligencia electrónica de las Marinas de los dos países, sorprende que la Armada chilena haya corrido los riesgos inherentes a esas actividades inamistosas en busca de informaciones cuyo valor debe ser proporcional al franciscano monto de las propinas que pagaron.

Se afirma que estos contactos clandestinos son de larga data, lo que indicaría que se iniciaron en pleno litigio marítimo con Santiago. Recordemos que en esa época de preocupación y ansiedad por la sentencia de la CIJ abundaron especulaciones sobre una eventual rebeldía de Chile si el veredicto le fuera desfavorable. En ese contexto, es seguro que las FF.AA. de su parte tomaron precauciones estratégicas. Sería razonable presumir entonces que las actividades de espionaje publicitadas hace poco derivan de una coyuntura anterior al gobierno de la señora Bachelet.

Columnistas inteligentes y perspicaces como Fernando Vivas ("No me araño por un espía", El Comercio) y Tino Santander ( "Juego de espías", El Montonero) plantean enfoques lúcidos sobre una práctica reprobable, pero habitual entre estados. Lo inusitado es que gobiernos maduros traten públicamente situaciones delicadas y limiten sus posibilidades de encontrar salidas, a sabiendas de que el espionaje militar puede desarrollarse sin conocimiento de la autoridad civil.

En inversiones, comercio, inmigración y turismo, nuestra integración con Chile es la mayor en la región. Más que de gobiernos, es obra de los pueblos y empresarios que aprovechan las ventajas de la vecindad. Los gobernantes deben respetar ese logro, y la relación bilateral debe alcanzar la altura del referente moral de respeto y transparencia establecido por el histórico fallo de La Haya y su impecable aplicación por ambos estados. [©FIRMAS PRESS].

*Embajador peruano.