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Intentar ser los mejores

"No se gana esperando que los otros pierdan, se pierde tratando de ganar". Esas fueron las palabras de Sabrina Rivera, la jinete salvadoreña que obtuvo el cuarto lugar en salto individual en los Juegos Olímpicos de la Juventud en Nanjing. Si esta frase no es nueva, si se la dijeron alguna vez sus padres o su entrenador, no lo sé. Lo que sé es que merece ser escrita en letras de oro, que la puso en práctica en la competencia y que al hacerlo se comportó como los grandes.

Sabrina quedó clasificada para la ronda final, el desempate, junto con tres jinetes de talla mundial, de países con mucha mayor tradición en este deporte. Salió con la intención de ganar, tomó sus riesgos con este fin, pero cometió dos fallas que la colocaron en la cuarta posición. No obtuvo medalla en esta prueba pero no importa, pues demostró con su actitud que tiene madera de campeona. Esa mentalidad es la que distingue a unos y los aparta del montón.

Sabrina ya había ganado una medalla de bronce en la competencia por equipos, en la que participaba con el equipo de "Norte América". Aunque esa medalla no se adjudicó a El Salvador por ser del grupo internacional nos sentimos igualmente orgullosos. Fueron dos medallas para atletas salvadoreños, junto con la de Marcelo Acosta quien ganó plata en natación. Ambos han hecho historia y son un ejemplo para todos los salvadoreños.

Traje la frase de Sabrina a cuenta ya que trasciende lo deportivo y nos da una honda lección para todos los aspectos de la vida. No se debe buscar el éxito en cualquier área esperando que los demás fallen; se le debe buscar intentando ser los mejores, aunque ello implique riesgos. Si el éxito se fundamenta en los errores de los otros éste será solo momentáneo. Rápidamente saldrá alguien que lo quite.

Lastimosamente muchos confían más en la suerte y en las debilidades de otros que en sus propios méritos y esfuerzo. Es más, intentan obstaculizar el camino de los demás por el miedo a que lleguen a superarlos. Ejemplos de esto lo vemos en empresas, en instituciones profesionales, en ámbitos académicos. Para ciertas personas la llegada de alguien nuevo es vista como un peligro, como un riesgo a su trabajo o posición. Si el nuevo muestra talentos especiales el miedo se vuelve entonces insuperable y se intenta obstruirle el camino. En lugar de aprender de él y aprovechar sus aptitudes se le arrincona y relega, y si es posible se le saca de en medio. Se ve con frecuencia en jefes mediocres que temen ser superados. Esto, además de ser moralmente criticable, es al final una deslealtad a la empresa o la institución, que busca ser cada vez más competitiva y contar con los mejores. Este tipo de jefes se contentan con subalternos de bajo perfil quienes, aunque no trabajen bien, los hace sentir seguros.

Mientras más capaces sean las personas con los que trabajamos, ya sea por actitud, energía o conocimientos, mejor para nosotros y para la institución o la empresa. Sus cualidades se convertirán en un reto, en fuente de aprendizaje, en incentivo y, aún si nos superan, ganamos. No vivamos con temor a los que hacen nuestra labor más desafiante pues al final nos hacen ser mejores. "No se gana esperando a que los otros pierdan, se pierde tratando de ganar". Bien dicho, Sabrina, oro puro.

*Médico psiquiatra.

Columnista de El Diario de Hoy.