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La insensata instrumentalización de nuestras libertades

Los que han leído mi columna, publicada aquí todos los miércoles desde hace algunos años, saben que generalmente escribo sobre la criminalidad y seguridad pública, en mi calidad de criminólogo. Aprovecho la oportunidad para agradecer a este periódico por haberme invitado a ser uno de sus columnistas, ya que me ha permitido incorporar al debate público un punto de vista técnico y, de esa forma, contribuir al entendimiento ciudadano en relación a situaciones críticas.

Esta vez, sin embargo, quiero expresar mi opinión como salvadoreño y no como técnico de una disciplina en particular. El tema que quiero discutir me parece indignante. Aunque está fuera del patrón de tópicos que expongo cotidianamente, me parece tan irritante que decidí utilizar este espacio para opinar sobre él.

El Tribunal Supremo Electoral reveló que casi el 50% del electorado no fue a votar. Algunos analistas dicen que una de las principales razones a las que se les atribuye este bajo porcentaje de votación es que ninguno de los candidatos logró mover a la ciudadanía lo suficiente como para animarla a ir a las urnas a escoger. Además, el día de las elecciones, circularon en las redes sociales fotografías de boletas de votos anulados en las que los ciudadanos, en lugar de aprovechar su derecho a elegir, decidieron escribir mensajes a los candidatos, dibujar algo cómico o vulgar, y expresar, en términos generales, su descontento con los candidatos y/o los partidos en contienda. Según un artículo publicado en el periódico digital ElFaro.net, fueron miles las personas que decidieron utilizar las boletas de votación para "enviar mensajes" de malestar a los candidatos y partidos.

Ambas acciones me parecen arrogantes e indignantes. No ir a votar o anular el voto como una forma para protestar o castigar a los candidatos o partidos políticos es despreciable. Entiendo que muchos no estamos de acuerdo en muchas cosas que se hacen al interior de los partidos y nos retorcemos de rabia cuando escuchamos cosas indignantes de boca de políticos, funcionarios o candidatos, o vemos a estos personajes involucrados en situaciones penosas o adoptando posturas reprochables.

No obstante, no votar o anular el voto porque no contamos con políticos o partidos ideales, es un desprecio a las libertades de las que gozamos y una bofetada a aquellas personas que viven bajo el autoritarismo de dictaduras de derecha o de izquierda y no pueden votar, es una burla a los salvadoreños que residen en zonas de alta actividad pandillera y no pudieron votar debido a que los pandilleros les quitaron el DUI o los amenazaron para que no votaran, es un insulto para los que votan en sistemas amañados. Simplemente, es un insulto para los que no tienen la libertad de elegir.

Instrumentalizar las libertades de las que gozamos para anular el voto o no ir a votar como forma de protesta dirigida a los partidos y candidatos, es tan ultrajante para los que no gozan de esa libertad como lo sería para una persona que agoniza ver que alguien se suicida por una trivialidad. Es tan insensato como los adolescentes que piensan que no estudiar o sacar malas notas es algo que los hace ver rebeldes y no estúpidos.

Estoy de acuerdo en castigar a los malos políticos y partidos, pero con anular votos o no votar no se castiga a nadie. Para realmente propiciar un cambio, independientemente de las preferencias partidarias, es necesario analizar a los candidatos y sus propuestas, y castigar al peor votando por el mejor. Siendo realistas, es poco probable que los candidatos o partidos ideales nos caigan del cielo, es necesario trabajar para eso y la forma más efectiva es mediante el voto consistente en favor de los mejores candidatos y las mejores propuestas. Sólo así se asegura una mejora constante.

*Criminólogo

@cponce_sv