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El inquilino: Una historia de terror

Como en uno de esos thriller de cine, Román Molinares, "el inquilino", estaba obsesionado no ya con vivir sin pagar en una propiedad que no le pertenecía, sino con hacer daño a la familia Valverde. Uno de los policías que rodeaba la oficina de Luis Valverde estaba decidido a llevárselo preso. Pero otro hizo una pregunta clave: "¿A qué horas ocurrió el desalojo". El dueño de la casa respondió con la verdad: "A la 10:00 de la mañana". Eran ya las 11:30, casi mediodía.

Los policías se miraron los unos a los otros. Se comunicaron por radio con sus superiores. Por teléfono el abogado le recomendó a Luis Valverde que no saliera de su oficina, porque habían pasado las 24 horas de flagrancia que la ley permite a la policía capturar a cualquiera acusado de un delito. Román Molinares había acusado Luis Valverde de hurto calificado.

A pesar de que Luis Valverde había explicado a los policías claramente que las pertenencias de "el inquilino" estaban guardadas en una bodega, que él mismo pagaba, por un momento uno de los policías insistía en que no importaba que Molinares había incumplido con el contrato de arrendamiento sin pagar seis meses de alquiler, que no había pagado ni una cuota al condominio residencial, ni ningún tipo de servicios. Que además la propiedad se había deteriorado y que había girado cheques sin fondos.

Para el policía, citando las leyes, al que había que llevarse preso era al estafado, al que pagaba los impuestos, al que generaba empleos y no a "el inquilino". Hubo un momento de aquella tensa mañana en la oficina de Luis Valverde, en que Molinares sintiéndose victorioso exigió ya no sólo la devolución de sus pertenencias, sino también que se las llevaran de regreso a la propiedad de los Valverde… con la mudanza pagada por estos.

A última hora al comprobar que el tiempo de la tal "flagrancia" había concluido y tras recibir ciertas órdenes, los policías se retiraron del lugar. Antes de retirarse, desde un auto abollado Molinares volvió a mirar de manera torva a Luis Valverde, como diciendo "esta historia no ha terminado". Lo ocurrido con los policías aconteció un sábado.

El lunes por la mañana Román Molinares telefoneó al abogado de los Valverde y le pidió una reunión con el fin de terminar el asunto. Esta vez, a la oficina del abogado Fidel Suárez se presentó "el inquilino", acompañado por una persona de baja estatura, color moreno y algo rechoncho, conocido en los círculos de litigantes como "Carne quemada". Éste no se anduvo con cuentos y de una vez le dijo al abogado Suárez sus planteamientos.

Dijo que demandaría a Luis Valverde por hurto calificado, allanamiento de morada y difamación. Agregó que involucraría a la esposa de Valverde en el asunto para que ambos fueran presos por los menos cinco años. Si Luis Valverde quería evitar tal situación que pagara 10 mil dólares, divididos en dos cheques de 5 mil cada uno. "Mi cliente no tiene nada que perder, el suyo sí", amenazó el abogado.

Cuando Luis Valverde supo las demandas se indignó y aparte de pedirlas por escrito en un papel firmado por el abogado mandó el siguiente mensaje: "no tengo esa cantidad de dinero, y si la tuviera, prefiero donarla a un institución de ayuda a los pobres… prefiero ir preso pero no les daré ni cinco centavos". Tras conocer el mensaje de los Valverde, no se volvió a saber nada ni de Molinares, ni de su abogado, excepto que intentó entrar a la residencial otra vez para ir a dormir a "su casa". No se lo permitieron.

A estas alturas la situación, me dice Luis Valverde, ha pasado a una fase de conciliación en juzgado de una ciudad del gran San Salvador. ¿Qué jugada prepara "el inquilino"? La deuda y los daños causados en la propiedad, más los costos de la defensa han causado a los Valverde casi 12 mil dólares en pérdidas. ¿Es esto justicia? Falta el desenlace. Estaré pendiente de lo que mis amigos los Valverde me cuenten. Y yo se los contaré a ustedes.

* Columnista de El Diario de Hoy. marvingaleasp@hotmail.com