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La inoportuna reforma fiscal

Basta ver por encima los números macroeconómicos del país para darnos cuenta que simple y sencillamente no es el momento indicado para llevar a cabo una reforma fiscal, especialmente una que no tribute las ganancias, sino la simple posesión de inmuebles por particulares o las actividades cotidianas que toda empresa debe llevar adelante, independientemente si está perdiendo o ganando, claro ejemplo el pago a proveedores vía sistema financiero.

Sin lugar a duda lo que más preocupa es un estado que demanda recursos adicionales cada día, pero que históricamente a diferentes niveles de recaudación no ha cumplido con sus obligaciones básicas como lo son proveer seguridad, salud y educación a la población. Y no solo demanda más recursos, sino que los pide por adelantado vía el perverso pago a cuenta, que exige impuestos sin la certidumbre de utilidades. Es decir, el estado se sirve primero pase lo que pase y a los inversionistas que Dios los ampare.

Tristemente vivimos en un país donde los padres de familia destinamos buena parte de nuestro salario a la educación privada de los hijos, no como lujo, sino por necesidad. Con un sistema educativo fracasado e inseguro ningún padre que tiene la posibilidad está dispuesto a arriesgar a sus hijos. Pregunto, ¿alguno de nuestros ministros o diputados envía a escuela pública a sus hijos? He aquí lo perverso del sistema, ya que los padres de familia pagamos impuestos en sus distintas formas; I.V.A., impuesto sobre la renta, tributo a las importaciones, gravámenes especiales para combustibles y llamadas de celular, FOVIAL, impuesto a la primera matrícula, matrícula anual de vehículos, distintas tasas por aprobación de permisos entre otros, sin poder hacer uso del sistema educativo como ejemplo. Por lo que surge la gran pregunta, ¿y qué se hace todo ese dinero?

Ante el panorama antes descrito, un gobernante que lleva tan sólo dos meses en el cargo, debería primero hacer una auditoría de gastos, seguido de un esfuerzo titánico de reducción de los mismos, en paralelo perseguir al evasor, luego presentar un plan de reactivación económica, y sólo después de haber cumplido fielmente con estas obligaciones de todo Estado, proponer de ser necesario una reforma fiscal. Mas sin embargo, estoy seguro que de llevar adelante los pasos sugeridos, la reforma sería totalmente innecesaria, al menos los números que presentan los organismos internacionales así lo indican.

Como contribuyentes debemos estar claros que la propuesta en discusión no lleva por objetivo ofrecer nuevos servicios o beneficios a la población, la reforma únicamente pretende llevar más recursos al Estado sin que este ofrezca nada a cambio. Es simplemente pagar más caro por los mismos servicios que ya recibimos, de baja calidad la mayoría o nulos en algunos casos.

Como Estado antes de exigir más ingresos se deben eliminar algunas prácticas irresponsables del pasado, por ejemplo; la contratación de seguridad privada en cualquier dependencia del Estado, la compra de comida ya elaborada para centros penales, la pauta publicitaria a menos que sea de carácter informativo, las contrataciones o compras sin licitación, la adquisición de vehículos de lujo, las escoltas motorizadas de cualquier funcionario que no sea el presidente, los viajes al exterior en primera clase y con comitiva, el manejo de empresas sin rendición de cuentas, los programas propagandísticos disfrazados de diálogo con la población, entre otros.

El Estado debe apretarse el cincho y rendir cuentas antes de extender la mano, actuar como adolescente financieramente irresponsable de igual manera que los últimos dos gobiernos es simplemente inaceptable e insostenible. Si nuestro mandatario quiere dar una clara señal de buena voluntad a la empresa privada esta es su oportunidad. Sr. Presidente, congele la reforma fiscal, eficiente el gasto, promueva la reactivación económica del país y verá qué fácil es ganar apoyos para su gobierno.

*Colaborador de El Diario de Hoy.