Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Informe provisional de algunos resultados

Con satánico orgullo podemos informar de nuestros excelentes resultados para la condenación eterna de muchos individuos, humanos de la cultura occidental, todavía llamada por muchos estúpidos como civilización cristiana.

Sobre la inteligencia:

Hemos conseguido que una abrumadora mayoría de los humanos piensen que no existen conocimientos verdaderos sobre la realidad de las cosas y de los otros seres humanos. Hemos inyectado poco a poco, pero con éxito mayoritario, el escepticismo, el relativismo y sus ramas más eficaces para los poco inteligentes: el sentimentalismo, el emotivismo y el repentismo (porque me da la gana). De paso, este oscurecimiento mental aporta grandes facilidades para manipular sus voluntades.

Sobre la voluntad:

Dado que esta potencia es ciega y sigue, de sí, a lo que le presenta la inteligencia hemos estimulado:

a) Para los menos tontos, el conocimiento de los sucesivos progresos electrónicos, despertando en ellos nuevas formas de usura y de presunción para adquirir últimos modelos de celulares, computadoras, IPad, etc., que despierten la envidia de sus vecinos, parientes y compañeros de trabajo, consiguiendo además perder mucho tiempo navegando de un lado a otro de múltiples videos, power-points, films, espectáculos musicales, etc., hasta adormecer el cerebro y despertar la concupiscencia de los sentidos.

b) Para los más tontos, desde el final del Siglo XIX, hemos desarrollado el erotismo, primero en la literatura, el teatro, la danza y el canto, para después, ya en el Siglo XX, a través del cine, la radio, la televisión e Internet ir convirtiendo lo erótico, en verdadera avalancha de pornografía. Hemos obtenido ya, en este nuevo Siglo XXI, una verdadera inundación de inmundicias sexuales contra toda esta civilización creada por el Odiado y su cuerpo eclesial. Últimamente estamos agrandando nuestra campaña mundial para que todos acepten la sexualidad contra natura, la bisexualidad y el falso cambio de sexo, como grandes conquistas de progreso social y moral. Hemos ganado para esta batalla al presidente de EE.UU., al Secretario General de las Naciones Unidas, controlamos los principales departamentos de la ONU (la División de Población, la Unicef, la OMS, etc.,) y las principales agencias de prensa internacionales.

Sobre los sentidos:

Hemos estimulado la vanidad y egoísmo a niveles nunca antes alcanzados. Los promovíamos siglos antes por otros medios, pero ahora nos da nuevos y grandes resultados el narcisismo corporal, sometiendo a la mayoría de los estúpidos humanos --sobre todo a ellas-- a tremendos gastos de tiempo, de dinero y de esfuerzos físicos para conseguir estar orgullosos de su figura corporal. Lógicamente procuramos que muchos lleguen a la anorexia, a la bulimia, a la ruina económica o mental, mientras se afanan por un éxito total que siempre se les escapa.

Sobre las fuerzas e instintos físicos:

Aparte de lo ya mencionado sobre el instinto sexual, también podemos estar satisfechos de los niveles alcanzados en fomentar la pereza, física y mental. Ya no nos esforzamos por difundir un ateísmo agresivo. Ahora fomentamos una pereza mental sobre el Odiado. Conseguimos que prescindan de él en sus vidas, sin importarles si existe o no. Nunca tuvimos, en siglos anteriores, unos niveles tan altos de este estupendo éxito, actual. Hemos fomentado la manufactura y comercio de bebidas y comidas basura y el progreso técnico en comodidades de todo tipo (camas, hamacas, sillas, sofás superblandos, etc.), consiguiendo que muchos pasen horas derrengados sobre fofos asientos, haciendo zapping ante el embrujo fascinante del televisor, con una bebida en una mano y una bolsa de papas fritas o de palomitas de maíz en el regazo, llenando su alma de colorido vacío. La maldad refinada sólo la empleamos para algunos pocos individuos especiales, aún no masificados.

Sobre algunos hombres públicos:

No destinamos ningún agente para tentar a los pocos políticos que no son corruptos, esa labor se la dejamos a sus propios compañeros. Suelen ser muy eficaces. Para casi todos los futbolistas, bastan con las mujeres públicas.

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com