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Si la industria se detiene, se detiene el país

La industria en El Salvador produce el 23% del PIB, genera el 40% del empleo formal, produce el 92% de todo lo que el país exporta; inyecta a la economía aproximadamente $900 millones de dólares en salarios y prestaciones, y otros $4,500 millones de dólares en compras de bienes y servicios a otros sectores. Por ejemplo, consume el 40% de la energía eléctrica, el 30% del transporte, el 14% de la agricultura, el 30% del sector construcción, y el 17% de los servicios del gobierno, aporta el 25% de los recursos del Estado en concepto de impuestos.

Sin duda alguna la industria es el motor de la economía. El motor de un vehículo que por momentos parece que está en neutro, que no logra avanzar mucho o avanza muy lento por una pesada carga que venimos arrastrando los salvadoreños.

Uno de los lastres más pesados que tiene no sólo la industria, sino la empresa privada en general, es la burocracia que sigue estando al servicio de los políticos de turno, una burocracia que se tomó casi 4 años y medio para entender la dinámica de la empresa privada. Mientras los demás países de la región agresivamente han salido a conquistar a empresas exitosas asentadas en nuestro país, acá se les sigue poniendo trabas y obstáculos que hacen cada vez más difícil mantenerse, crecer y exportar desde nuestra nación.

Necesitamos eliminar la excesiva burocracia y tramitología que ahogan cualquier negocio con interminables trámites para obtener innumerables permisos.

Otro de los obstáculos con los que nos enfrentamos los salvadoreños es la insistente intención de algunos sectores bien identificados que manipulan nuestras instituciones e irrespetan las decisiones de nuestro máximo tribunal de justicia, ponen en riesgo nuestra frágil democracia y el Estado de Derecho. Necesitamos eliminar la incertidumbre política y garantizar la seguridad, la institucionalidad y el Estado de Derecho.

Otro de los obstáculos son esas eternas campañas electorales, Es inmoral que en nuestro país tengamos esas campañas políticas de más de un año de duración. Y el tremendo despilfarro de recursos que tanto nos hace falta a los salvadoreños.

Es inmoral porque mientras los políticos siguen botando millonarias cantidades de dinero, los salvadoreños siguen sin tener medicinas y adecuadas atenciones en los hospitales públicos, escuelas en pésimas condiciones y miles de trabajadores al jubilarse siguen recibiendo pensiones risibles.

Con lo que se gasta diariamente en caravanas de lujosas camionetas que recorren el país, mítines, propaganda en los medios y viajes al exterior, se podrían construir más escuelas y mejorar las existentes, comprar medicinas e invertir en los menos afortunados.

Las campañas electorales deberían ser una fiesta cívica de pocos meses, que no generen más incertidumbre y que no paralice nuestra economía. Deberíamos estar escuchando más propuestas serias y realizables y menos promesas inalcanzables.

El próximo presidente deberá ser un hombre que tenga una visión de nación, necesitamos un estadista, que conduzca a esta nación por la ruta del desarrollo económico y social. Para que los próximos gobiernos hagan pequeños ajustes de esta ruta pero sin cambiar el destino. Es imprescindible que el destino de nuestro país lo definamos juntos los salvadoreños, es por ello que lo primero que debe hacer el próximo gobernante es dejar de lado los rencores e involucrar a todos los sectores en la soluciones de los problemas que tiene nuestra nación.

El Salvador necesita de un líder cargado de mucha humildad, que sepa reconocer que no es infalible, un gobernante ejemplar que gobierne con justicia, y no simplemente por el poder de su cargo. Que sea una persona de alta moralidad y honradez, que vele por los ideales y necesidades de los ciudadanos, practicando con integridad valores y principios.

Nuestra nación enfrenta grandes desafíos políticos, económicos y sociales que debemos atender con seriedad y prontitud. No tenemos tiempo. No podemos seguir esperando. El Salvador debe avanzar, debemos dejar de ver hacia el pasado, debemos dejar de culparnos y de buscar excusas. Como Nación, es necesario que todos los sectores trabajemos juntos y eliminemos los obstáculos que afectan nuestra competitividad e impiden nuestro crecimiento.

No podemos encontrar ningún modelo exitoso para el desarrollo económico y social de un país si no es a través de la creación de riqueza por los sectores que saben producir. Los países que han logrado sobrepasar sus crisis en sus economías, tienen un importante sector industrial. No hay otro sector que por sí solo contribuya más a nuestra economía, por lo que es evidente la necesidad de apostarle a la industria.

Los programas sociales son necesarios, se deben mantener y mejorar para que lleguen a más salvadoreños, pero debemos buscar soluciones más permanentes y no programas que hagan personas dependientes y manipulables por los políticos de turno.

Si el próximo gobierno no se compromete a fortalecer a los sectores productivos, no habrá para los empleos ni para el bienestar social, porque son los sectores productivos los que generan los empleos y el desarrollo que ellos prometen.

*Gerente de Comunicaciones

Asociación Salvadoreña de Industriales