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La indulgencia plenaria en el año santo jubilar

La indulgencia se puede ganar durante todo el año jubilar que finaliza el 20 de noviembre de 2016. A lo largo de todo el año santo estamos invitados, como nos dice el Papa Francisco, a “reflexionar sobre las obras de misericordia”

La Iglesia se encuentra celebrando un año santo extraordinario: El “Jubileo de la Misericordia”. Los Jubileos tienen su origen en el judaísmo. En el cristianismo tenemos la primera expresión cuando Jesús al iniciar su ministerio publico, hizo el anuncio del cumplimiento del “Año de gracia” del Señor. (Is. 61,1-2). 

La celebración jubilar está enriquecida por la “indulgencia plenaria” concedida por el Papa Francisco. Para entender en qué consiste esta indulgencia debemos aceptar que somos imperfectos, cometemos errores y pecados y esto nos mueve a pedir perdón a Dios. Cuando nos confesamos con las debidas condiciones, el pecado se borra, hay una reconciliación con Dios y se experimenta una paz interior. Lo que en la confesión queda sin perdonar es la “pena temporal merecida por el pecado”. 

La iglesia nos enseña que “La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones, consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos” (Cat.1471). Quizá lo entendemos mejor si decimos que cuando cometemos un pecado, ganamos dos cosas: la culpa y la pena. Si yo me he robado un reloj, la responsabilidad es mía, yo tengo la “culpa” y el daño causado es la “pena”. Si me confieso se perdona la “culpa” pero el daño sigue y en justicia debo repararlo. La indulgencia es la forma con la que puedo borrar el daño, es decir, el producto de mi pecado. 

Frente a esta situación me pregunto: ¿Qué debo hacer para ganar la indulgencia plenaria? Cuando el Papa convocó el Año de la misericordia dijo: “Dispongo que se pueda ganar la indulgencia en los santuarios donde se abra la Puerta de la Misericordia y en las iglesias que tradicionalmente se identifican como Jubilares. Esto significa que los que no tienen impedimento físico deben ir a uno de esos templos y entrar por la “Puerta Santa” pero hay algo más importante: Hay que confesarse, tener un desapego al pecado, profesar la fe y rezar por las intenciones del Papa. No es nada del otro mundo, basta hacer el esfuerzo. 

La indulgencia que un cristiano gana la puede aplicar por los fieles difuntos. A ellos estamos unidos por el testimonio de fe y caridad que nos dejaron. De igual modo que los recordamos en la celebración eucarística, también podemos, en el gran misterio de la comunión de los santos, rezar por ellos para que el rostro misericordioso del Padre los libere de la pena temporal merecida a causa del pecado.

Los enfermos, las personas ancianas y solas, pueden ganar la indulgencia viviendo su enfermedad y sufrimiento como una experiencia de cercanía a Dios que en el misterio de su pasión, muerte y resurrección nos indica la vía maestra para dar sentido al dolor y a la soledad.

La indulgencia se puede ganar durante todo el año jubilar que finaliza el 20 de noviembre de 2016. A lo largo de todo el año santo estamos invitados, como nos dice el Papa Francisco, a “reflexionar sobre las obras de misericordia corporales y espirituales”. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del evangelio.
 
*Sacerdote Salesiano