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Increíbles cuestiones de nuestro deporte nacional y la política

La política y el fútbol desatan todo tipo de pasiones entre los salvadoreños; se trata de dos actividades que se deben renovar  a fondo para que cumplan, de manera eficiente y  honesta, sus funciones propias

Tuve que escuchar una y otra vez la grabación para dar crédito a unas declaraciones del vicepresidente de la Fesfut sobre la escasa asistencia de aficionados al juego entre El Salvador y Canadá, el martes pasado: “muchos medios de comunicación del exterior estuvieron a la cabeza del miedo: las cadenas internacionales influyeron, amedrentaron a nuestra afición y hubo muy poco público en el estadio”.

No lo podía creer, como tampoco creía lo que dijo otro federativo un día después del empate contra Canadá: “mucha gente habla de mala gestión o administración, cuando estamos tratando de salir adelante con muchas selecciones juveniles, de playa, sala, femenino. No se puede hablar de robo de dinero, porque FIFA no nos ha dado plata para construcción de canchas para nada”. Es más, este mismo federativo adujo un argumento para descargar su gestión administrativa al señalar que la Fesfut debe hacer un pago de cinco mil dólares mensuales para amortizar una deuda al Fisco. Para rematar y dejar claras las cosas afirmó de manera contundente: “no vamos a renunciar; no nos consideramos responsables de mala gestión. Es delito acusar a alguien de ladrón”.

Todavía más insólito resulta un comunicado oficial del Comité Ejecutivo de la Federación Salvadoreña de Fútbol, fechado 20 de noviembre, en el que “comparte los siguientes frutos de la última fecha FIFA: debutaron con la Selección Absoluta tres jugadores. Se tuvo un promedio de edad de 24 años, siendo una de las selecciones más jóvenes, en representar con dignidad a nuestro país….”  

A los datos me remito: el país ha tenido que soportar una generación de jugadores que amañó los juegos; otra generación, mucho más joven, en la actual gestión de la Fesfut, que se fue al “paro”, para exigir prebendas que debieron estar solucionadas por una administración clara y transparente. Y, sí a resultados nos remitimos, este año ha sido catastrófico: La Sub 20 no clasificó al Mundial, la Playera no clasificó al Mundial de Portugal, la Sub 23 no clasificó al Preolímpico, para los juegos de Río 2016; la Femenina tampoco clasificó al Preolímpico; la Sub 15 no clasificó al Mundial de Chile y, la mayor, ya sabemos como está.  

Si en el mundo del fútbol así estamos, qué podemos decir de nuestro proceso político que pareciera no trasciende el villorrio  mental; una diputada tiene que asistir a las plenarias de la Asamblea  con un megáfono, porque la presidente de la Legislatura le cerró el micrófono durante una intervención.  

Más grave aún,  otro diputado sigue “laborando” con normalidad en la Asamblea, pese a que tiene abierto un expediente por enriquecimiento ilícito en una Cámara. Y, cosas que suceden  aquí: en este mismo caso, la Cámara ha dado cinco días hábiles a la Fiscalía para que “describa, con claridad y precisión, los argumentos de hecho y derecho bajo los cuales solicita la ampliación de las medidas cautelares decretadas por la honorable Corte Suprema de Justicia”.

Otro exdiputado, que ha incrementado  ostentosamente su patrimonio, en pocos años, aduciendo que lo ha hecho “con sus emolumentos”, ha sido librado por las distintas instancias morales y éticas, por las oficinas contraloras y,  por supuesto, por su partido que ve en estos señalamientos, un “ataque político y mediático” de sus adversarios.

Otro funcionario, el encargado del escritorio de la Transparencia, tiene por misión, al  menos así lo refleja su labor cotidiana, denunciar la falta de transparencia de los demás, de los gobiernos del pasado  y, asimismo, de defender a los miembros del actual gobierno, atacar a los opositores, por lo que ha tenido que responden ante los juzgados por un caso de difamación.

Varios funcionarios de primer nivel, incluidos ministros y hasta un procurador, están en la mira de la Corte Suprema de Justicia porque no siguieron el debido proceso para despedir a empleados de sus dependencias; algunos de estos casos, están en el limbo porque la justicia ha “hablado” pero no se cumplen o se cumplen a medias las sentencias.

He querido hacer una comparación de  gestiones con la intención de demostrar lo mal que están nuestro fútbol y nuestra política, dos áreas que, si  bien son muy distintas, tienen mucho en común:  desatan todo tipo de pasiones ya sea a favor o en contra, cuestión que permite a todos la posibilidad para  hablar de ambas “con derecho y autoridad”.

Lo cierto es que todo esto destaca el clamor popular, a todo nivel, por  un mejor fútbol y, sobre todo, por una honesta, eficiente y unitaria  gestión política para el bien de El Salvador. 
 

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.
ricardo.chacon@eldiariodehoy.com