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Incertidumbre

En este momento, en medio de la campaña electoral que todavía no es permitida pero que ya está en su apogeo, hay varios focos de conflicto que amenazan con volar en pedazos la institucionalidad del país. Uno se centra en las acusaciones de corrupción que rodean a la construcción de la autopista Diego de Holguín. El otro gira alrededor de dos recursos presentados a la Sala de lo Constitucional y la Sala de lo Contencioso Administrativo, respectivamente, dirigidos a defenestrar, uno al presidente de la Sala de lo Constitucional y el otro a los otros cuatro miembros de la misma Sala.

Este conflicto está relacionado con dos más: la advertencia que la Corte de Cuentas ha emitido diciendo que es posible que no dé a Norman Quijano el finiquito que necesita para inscribirse como candidato presidencial, y la posibilidad, altamente probable, de que alguien presente un recurso de inconstitucionalidad en contra de la candidatura de Tony Saca (posibilidad que es altamente probable porque ya se presentó una que fue desestimada porque Tony Saca todavía no se ha inscrito como candidato).

El tercer foco se centra en las acusaciones de corrupción en el caso de la ENEL, la CEL y sus empresas satélites. Aunque los problemas de estas empresas abarcan tres administraciones presidenciales, las acusaciones se han concentrado en personas que participaron en su manejo durante una sola administración presidencial, la del ex presidente Francisco Flores, que ahora está manejando la campaña de Norman Quijano.

Todos estos conflictos tienen dos cosas en común: Una es que todos están siendo tramitados como si fueran problemas jurídicos, y la otra es que todos tienen implicaciones políticas tan evidentes que hacen sospechar al pueblo que son en realidad complots políticos escondidos tras disfraces jurídicos. Es muy fácil visualizar todos estos conflictos como un juego de ajedrez en el que cada jugador defiende sus piezas importantes amenazando las del otro.

Esta coincidencia de que, con la excepción de los cuatro miembros independientes de la Sala de lo Constitucional, las personas que manejan estos casos hayan escogido para acusar sólo a rivales políticos realza la importancia que esos cuatro miembros de la Sala de lo Constitucional han dado a que no se permita la elección de políticos a posiciones que tengan que ver con las instituciones judiciales, incluyendo la Sala misma de lo Constitucional, las otras salas de la Corte Suprema de Justicia, la Fiscalía y la Corte de Cuentas. Si estas instituciones obedecen a objetivos partidarios, en vez de asegurar la integridad de la administración de la justicia se convierten en armas de la mentira que se usan para aterrorizar a los opositores políticos y para destruir la seguridad jurídica.

Por eso es que la reina en este tablero de ajedrez son las posiciones que los cuatro miembros independientes mantienen en la Sala de lo Constitucional, porque ellos constituyen la piedra angular de la separación de la justicia de la política, separación que es la base de una democracia verdadera. De hecho, la mayor parte de los conflictos institucionales de los dos años han surgido directa o indirectamente de los intentos que los partidos políticos han realizado para paralizar o destituir a estos magistrados, lo cual abriría la puerta para la completa politización de la justicia.

El problema se presenta porque, como es tan común en tantos aspectos de nuestra legislación, los partidos políticos no respetan la Constitución y piensan que es legítimo negociar los controles de las instituciones judiciales para repartirse el poder y luego luchar desde distintas trincheras durante las elecciones. Es necesario bloquear institucionalmente la posibilidad de que lo sigan haciendo. Por eso es clave que, como en el caso del Decreto 743, el pueblo se movilice para apoyar a los cuatro miembros independientes de la Sala de lo Constitucional en su lucha por rechazar la politización de las instituciones judiciales. Si no logramos esto, los políticos destruirán estas instituciones y dejarán al pueblo indefenso frente a sus locas luchas por el poder.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.