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Incapacidad responsable

Cualquiera imagina a los abogados --particularmente a los litigantes-- siendo máquinas procesadoras de terminología esotérica como la "ontología jurídica", o les mira en las películas cómo estos fríos acusadores que a base de silogismos y un coeficiente intelectual de varios cientos ganan emblemáticos casos y se convierten en paladines de la justicia pronta y cumplida.

Uno mira misticismo y una actitud desafiante. Trajes carísimos. Un ligero aire de superioridad. Pero El Salvador no siempre juega bajo las mismas reglas y aquí las cosas suelen ser diferentes.

Les cuento: Acabo de salir de mis redes sociales, pues lo que en estos momentos se discute me produjo una mezcla de incredulidad y confusión; un dolorcito de estómago. Ante un sonado caso de violencia de género en que está viendo involucrado un afamado personaje, su defensor optó por el camino menos seguro pero más vistoso, el de la creatividad. Mejor dicho, el del surrealismo.

Llevando la discusión al plano del teatro de lo absurdo, el jurista optó por regalarnos un término, para el deleite máximo de las redes sociales: La infidelidad responsable. Con esta etiqueta ha tratado de disfrazar el abusivo, violento e inaceptable trato a una mujer, a fin de quitar el foco de atención sobre la violencia.

Y reflexiono: ¡Qué hábil que es el señor abogado! ¡Por un momento nos logró distraer! Y aunque nada está resuelto y las atrocidades de su cliente siguen ahí, al menos logró tirar una tímida cortinilla de humo, para darse algo de tiempo.

Imagínese, estimado lector, que esta cantinflesca retórica sea emulada por nuestros ampliamente respetados políticos. Imagínese usted que si dieran la cara, pero lo hicieran para inventar términos absurdos y ganar unos minutos ante la opinión pública. Para pensar la siguiente estrategia mientras los tuiteros volvimos tendencia la anterior excusa.

Imagínese usted que ante el asedio de los grupos delictivos y la falta de planes estructurados de acción, algún vocero del Ejecutivo anunciara que nos estamos enfrentando a un raro fenómeno de Incapacidad Responsable (con mayúsculas, y todo) donde la situación gradualmente empeora, pero existen las mejores intenciones. Un "no podemos, pero les prometemos que queremos".

O que el pintoresco presidente de la autoridad electoral, viéndose acorralado por la opinión pública tras encabezar unos desastrosos comicios, calificara la adjudicación de contratos de transmisión, procesamiento y divulgación de resultados como un Desorden Benevolente. Es decir, hizo caso omiso de la experiencia previa en la organización de elecciones, ignoró la falta de experiencia de las empresas contratadas y trató mal a la prensa, pero todo lo hizo de "buena fe".

Peor aún. Piense qué pasaría si un día al volver a casa, cuando sintonice las noticias internacionales, algún gobernante de esos países del Sur, al ser increpado por la sistemática aversión a la prensa libre y el encarcelamiento de sus críticos, niegue rotundamente ser un déspota y califique su estilo de Desapego Responsable y Antiimperialista por la Democracia.

Estos absurdos intentos de desviar el foco logran parte de su misión, pues nos distraen y le compran a quien debería dar la cara un momentáneo margen de maniobra. A los incautos ciudadanos nos provoca risas y comentarios en redes sociales. Ridiculizamos al mensaje --acaso también al mensajero-- y recordamos que en nuestros países es imposible aburrirse.

Y después, ¿qué? Cuando muera el "trending topic" y se apaguen las noticias, seguiremos igual. Con países violentos, autoridades incapaces y democracias sangrantes. Con los problemas de siempre y un cúmulo de nuevas y pintorescas justificaciones.

Pero entonces, los culpables estarán un paso más adelante, sin enmendar sus errores, pensando en la siguiente excusa, en el siguiente término.

*Colaborador de El Diario de Hoy.