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El inaudito disfraz de niño desobediente que afecta a los más vulnerables

Lo menos que puede hacer la ciudadanía es exigir la apertura de espacios para que la sociedad tenga más control y fiscalización del destino del gasto público y el abordaje gubernamental de las crisis que enfrenta el país.

Encontrar a alguien que no haya presenciado, en calidad de protagonista o espectador, la inexplicable desobediencia de un hijo ante los permanentes, lógicos, claros y atinados consejos, instrucciones o advertencias de su madre o padre, es una tarea, me atrevo a decir, imposible. Todos los que acostumbramos ir al supermercado, nos hemos encontrado con situaciones en la que un pobre pequeño comete una travesura y después es reprendido por uno o ambos progenitores con un clásico “cuántas veces te he dicho que no…” o un “te he explicado un millón de veces por qué no debes de…” o, incluso, un “te he dicho que no debes de hacer eso por…”. Similarmente, todos los que hemos pasado por la adolescencia podemos relatar una anécdota personal (en primera o tercera persona) para ilustrar cómo la irreverente desobediencia de un adolescente a lo indicado por sus padres, puede implicar desastrosas consecuencias y que, después de sufrirlas, el arrepentido transgresor no se explica cómo no hizo caso para evitarlas.

Este tipo de situaciones tienen algo en común: los que cometieron las fechorías fueron advertidos de las consecuencias de sus actos, pero su desmedido enfoque en satisfacer necesidades inmediatas y personales y su falta de madurez para dimensionar las potenciales ramificaciones negativas derivadas de su comportamiento, los llevó a ignorar las advertencias y perpetrar el acto sancionable. Esta actitud esconde un tácito “le guste o no le guste”,  en el que la opinión de los padres pierde valor. Claro, no es la más inteligente, es la resultante del reducido criterio de un infante o adolescente. 

Al final, entre más pequeño es el travieso, más jocosa resulta con el tiempo la frescura con la que desobedeció a sus padres. Algunos, al leer estas líneas, recordarán situaciones específicas de su niñez o experiencias relacionables vividas con sus hijos, nietos o sobrinos. Ninguno, estoy seguro, fruncirá el ceño mientras recuenta en silencio sus memorias, pero si es muy probable que se le escape una sonrisa. 

Ahora, es distinto cuando la misma actitud es adoptada por un adulto. En ese caso, la experiencia no se recuerda con alegría. Es insólito, por ejemplo, visitar un banco, una tienda, un restaurante o cualquier tipo de comercio en el que paguemos por recibir bienes o servicios, y que las personas que trabajan en el lugar, asuman una actitud de “le guste o no le guste”. Indignados por ese trato, los consumidores nos replegamos y unimos, las redes sociales se inundan con comentarios negativos, los establecimientos son sancionados mediante una reducción en sus ventas y, consecuentemente, se ven obligados a cerrar.

¿Qué pasa cuando los que adoptan una postura de “les guste o no les guste” son políticos y, peor aún, el gobierno de turno? Comparados con los reclamos ante comercios que asumen una actitud similar, los reclamos hechos al bloque oficialista son pírricos. Cuando alguien comparte una mala experiencia en un banco, tienda o empresa de servicios en las redes sociales, todos, sin importar el color político, se suman en el reclamo y magnifican su intensidad compartiendo situaciones similares. Basta con un cobro que se perciba como injusto o un mal trato por un empleado para que se desate una marea de quejas.

El bloque oficialista, en los últimos días, incrementó los impuestos y el costo por servicio de agua potable (entre otros desatinos), afectando principalmente a los segmentos poblacionales más vulnerables, sin ofrecer un mejor servicio o una mayor apertura o influencia a la ciudadanía. Sin embargo, los reclamos y presiones son, hasta el momento, asimétricas. Lo menos que puede hacer la ciudadanía es exigir la apertura de espacios para que la sociedad tenga más control y fiscalización del destino del gasto público y el abordaje gubernamental de las crisis que enfrenta el país. Si no nos unimos para exigir efectividad y eficiencia, difícilmente se logrará.

*Criminólogo.
@cponce_sv