Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

La impunidad y el motorista del bulevar Tutunichapa

Existen proyectos ambiciosos, como el movimiento que exige una CICIG para El Salvador, pero también hay otros más modestos que igualmente buscan propiciar pequeños, pero importantes cambios que todos debemos de promover

Hace unas cuantas semanas, estuve atorado en uno de esos fuertes congestionamientos que se forman con más frecuencia de la deseada sobre el bulevar Tutunichapa. El clima, como ha estado en los últimos días, estaba sofocante. No se movía una sola hoja y en la distancia el asfalto distorsionaba el ambiente con espejismos creados por el calor. Al examinar los vehículos alrededor, todos los pasajeros y conductores, sin excepción, lucían la desesperación del clima y el tráfico en sus caras. 

El único que parecía estar en su salsa, quizá acostumbrado de pasar todo o buena parte del día en ese tipo de situación, era el motorista de la “coaster” a mi derecha. Aunque era obeso y sudaba profusamente por el calor, se veía tranquilo y hasta cómodo. Sentado en una posición relajada, como si disfrutara de una buena película en la sala de su casa, el motorista hablaba por su teléfono celular y, además, tenía sentada en sus piernas a una jovencita a la que acariciaba y asestaba escandalosos besos en la boca cada vez que su conversación telefónica se lo permitía. Más adelante, cuando el tráfico avanzó a la siguiente cuadra, la joven, aburrida, decidió despedirse del motorista y éste la bajó  de la “coaster” con una nalgada y un comentario vulgar que despertó gestos de desaprobación y disgusto entre las pasajeras que los flanqueaban en primera fila. El motorista, en ningún momento, se despegó el teléfono de la oreja.

Esa lamentable escena, pensé, encapsula la falta de respeto a las normas sociales y legales. Además, indica la debilidad de la aplicación de leyes y reglamentos. La impunidad reina y propicia y perpetúa conductas inadecuadas e inaceptables. Todo lo que hacía el motorista en ese congestionamiento era ilegal o, en el mejor de los casos, irrespetuoso. La ley establece que los conductores no pueden usar el teléfono celular o tener otro tipo de distracciones a la mano mientras operan un vehículo, pero al motorista de la Tutunichapa, esto no le importó en absoluto. 

Lastimosamente, este tipo de dinámica no se limita al transporte público. Basta con darse una vuelta por la ciudad y ver cómo impera el total irrespeto a la autoridad y las reglas. Las personas botan basura en donde les place y, para la mayoría, respetar las leyes de tránsito es opcional, ya que existe una percepción general que la probabilidad de ser sorprendido y sancionado es mínima o inexistente. Este esquema mental opera a todo nivel, desde el hombre que empuja a la mujer para subir al autobús, hasta el político corrupto. Ya forma parte de la cultura nacional, en la que se justifica y razona la comisión de acciones inadecuadas y prohibidas bajo ciertas circunstancias.

Cambiar esto requiere de un movimiento amplio y decidido, conformado por varias iniciativas orientadas a cambiar aspectos críticos, nocivos de nuestra actual idiosincrasia. Existen proyectos ambiciosos, como el movimiento que exige una CICIG para El Salvador, pero también hay otros más modestos que igualmente buscan propiciar pequeños, pero importantes cambios que todos debemos de promover.

Hace unas semanas, por ejemplo, me encontré con un amigo de adolescencia que me comentó estaba involucrado en una iniciativa en las redes sociales en la que se denuncia a quienes se estacionan en espacios reservados para personas con discapacidades. El proyecto, que alimenta la página de Facebook llamada “Respeto el parqueo reservado,” lucha contra esa predominancia que ha adquirido el favorecimiento a la ilegalidad en nuestro país. Iniciativas como esta, que tratan de cambiar conductas inapropiadas, son necesarias para causar una transformación radical y positiva en nuestro país. Merecen el apoyo y la contribución colectiva de todos los salvadoreños.

*Criminólogo.
@cponce_sv