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¿Imposible? ¡Posible!

Personas que jamás carecieron de nada sino, por el contrario, tuvieron educación, buenos ejemplos, solvencia económica y afecto familiar, asesinan y cometen actos criminales de una crueldad extrema. Ha sucedido aquí y en diversas partes del mundo

La humanidad se está volviendo demoníaca, sin un atisbo de buenos sentimientos hacia el prójimo. ¿Qué está sucediendo? 

“La pobreza y la marginación son las causas de la violencia”, dicen. Sin embargo, vemos a gente muy pobre, marginada por algunas circunstancias que, lejos de volverse delincuentes, han construido buenas familias, con principios y valores cristianos, con amor al estudio y al trabajo que, en todo sentido, incluso económicamente, salen adelante; y con esfuerzo sostenido, en dos o tres generaciones más, podrán ser muy ricos. Así comenzaron las grandes fortunas. (¡OJO! Me refiero a fortunas de gente honesta y luchadora, no a quienes exhiben palacetes, autos de lujo, cirugía plástica y nueva esposa, instantánea y misteriosamente.).
 
Por otra parte, personas que jamás carecieron de nada sino, por el contrario, tuvieron educación, buenos ejemplos, solvencia económica y afecto familiar, asesinan y cometen actos criminales de una crueldad extrema. Ha sucedido aquí y en diversas partes del mundo. No es, pues, asunto de riqueza o pobreza.

El filósofo y novelista Fabrice Hadjadj, durante su conferencia en la Fundación De Gasperi, de Roma, hilvanó una respuesta que, aunque la circunscribe a Europa, principalmente a Francia, es  universalmente  aplicable.
 
Según Hadjadj, los occidentales, desde hace décadas, nos preocupamos sólo por nuestro confort. Cierto; lo queremos todo fácil, “respetamos” todas las ideas, no las debatimos, porque consideramos que todas tienen el mismo valor (el relativismo, tan condenado por Benedicto XVI). Nos interesa sólo el placer, huimos de situaciones dolorosas o molestas. Y nos sorprende que haya personas dispuestas a dar la vida por sus ideales, su religión y su forma de vida. Como lo hace ver Hadjadj: “los terroristas de los recientes atentados de París son franceses, han crecido en Francia y no son ni accidentes ni monstruos, sino producto de la integración a la francesa”. Eso, traído a nuestro país, aplica a nuestros terroristas mareros.

Porque esos jóvenes, explica Hadjadj, “estaban ‘perfectamente integrados’, pero integrados en la nada, en la negación de cualquier impulso espiritual”. 

Esa es la causa: al privar a los jóvenes de vida espiritual, al idealizarles la riqueza fácil, al erradicar en ellos el temor de Dios, el sentido del deber, del sacrificio y  de la responsabilidad individual, su alma y su mente quedan vacías y pueden ser llenadas por los sentimientos y las ideas más espurias. Como dice Hadjadj: “Un joven no busca sólo razones para vivir; también y sobre todo – puesto que no podemos vivir eternamente  – busca razones para dar su vida”. Es decir, busca ideales, sentido, trascendencia.

De allí que todos, especialmente quienes tenemos responsabilidades como educadores (padres de familia, maestros, autoridades, sacerdotes, predicadores, etc.),  debemos procurar suplir las necesidades espirituales de los jóvenes dándoles acceso a la Sabiduría, a encontrar a Dios mediante distinguir el bien del mal. Que todos amemos tanto el bien, que estemos dispuestos al mayor de los sacrificios para alcanzarlo; que odiemos tanto el mal, que prefiramos perder la vida antes que abrazarlo.

¿Es eso imposible?
No, porque los yihadistas y los mareros, han logrado eso de sus seguidores. La tristeza es que ellos han trastocado el bien por el mal. Entonces, si ellos, estando equivocados, han logrado tanto, ¿cómo no vamos a lograrlo nosotros, la mayoría de salvadoreños que tenemos en nuestros corazones a quien es el Camino, la Verdad y la Vida?
 

* Columnista de El Diario de Hoy.