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Ignorancia, incapacidad y corrupción

Cuando tomó posesión Mauricio Funes, en su discurso triunfalista prometió una administración transparente, en que prevalecería la meritocracia, augurando una era de prosperidad.

Al conocerse los nombres de los elegidos para los puestos de confianza, fue evidente que meritocracia no era lo que todos entendían: formación académica, probada experiencia profesional en su especialidad y reconocida solvencia moral. Para Funes los méritos consistían en haber participado en la guerrilla, en influyentes sindicatos, protestas violentas de calle, y considerable capacidad económica para dotarlo de un estilo de vida nunca antes soñado: residencia, vehículos, ropa, y financiamiento para la campaña política. Meritocracia equivalía a ser miembro prominente de la cúpula del FMLN y de Amigos de Mauricio.

Los resultados de esta corrompida distribución de cargos, son cinco amargos años en que ha destruido la economía, tenemos graves problemas de credibilidad con serias empresas multinacionales, hemos bajado en todos los niveles de competitividad, perdido prestigio ante organismos internacionales, mientras el presidente sigue insultando y difamando a sus críticos, olvidando la discreción que le exige el alto cargo que inmerecidamente ostenta.

La incapacidad de sus funcionarios se manifiesta en los desastres causados por la pésima planificación y ejecución de obras, que cuestan varios cientos de millones, y que pagamos los contribuyentes. La modernización del transporte público ha sido un clamor constante de la población, que por sentido común debió comenzar por el cambio de las unidades chatarra, pero principió por la instalación del sofisticado equipo. Sin preparar a la población, lanzaron la tarjeta, amparada por SUBES, empresa desconocida, con poca experiencia internacional, y evidente monopolio. Las quejas de los usuarios se justifican, pues en todos los países donde funciona la tarjeta, ésta supone un ahorro sustancial en el costo del pasaje, que el usuario adquiere gustosamente, por la disminución de la tarifa.

Antes de iniciar el SITRAMSS, un estudio realizado por un Consorcio emitió recomendaciones destinadas a mitigar el caos que causaría el cierre de las calles afectadas, como instalación de semáforos, cambio de sentido de circulación, restricción de parqueos, retiro de vendedores ambulantes e inmediata reparación de las pocas y estrechas vías alternas. No se sabe si por ignorancia, corrupción o incapacidad, ninguna de estas recomendaciones se cumplió, sin que el VMT se responsabilice por el daño causado a los miles de afectados con tan desacertadas medidas.

La LEPINA, destinada a velar por la niñez y la adolescencia, ha sido un arma venenosa, que ha dañado a quienes debió proteger. Gracias a su vigencia, la Ciudad de los Niños, por años administrada ejemplarmente por la Institución Salesiana, hoy ha pasado a manos del Estado, igual que el Hogar Guirola, y muchas otras instituciones que en manos privadas cumplían una ejemplar labor social. Y como la LEPINA vulnera totalmente la autoridad de padres y maestros, ellos están siendo extorsionados por los alumnos. Niños de 2° y 3er. grados, exigiendo a los directores la nómina de sueldos de los docentes, para calcular la extorsión, porque están protegidos por la Ley.

Donde más resalta la ignorancia y facilita la corrupción, es en la elaboración del Presupuesto General de la Nación y de los de muchas dependencias, desfinanciados y sin recursos suficientes para completar el año. El TSE no encuentra hotel que se anime a ofrecer sus instalaciones para el conteo de votos, sólo porque "a un hotel, no le han pagado un par de millones de las elecciones 2012".

La transparencia comienza por reconocer la capacidad de las personas para desempeñar un cargo, y no en un clientelismo político totalmente aberrante.

*Columnista de El Diario de Hoy.