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Iglesia católica y piedad popular

La rica y profunda religiosidad popular en la que aparece el alma de los pueblos latinoamericanos, es un precioso tesoro de la iglesia, dijo Benedicto XVI en Aparecida, Brasil. En nuestros pueblos y ciudades podemos constatar abundantes fiestas patronales que son el resultado de la fe y cultura de un pueblo que al honrar la memoria de sus patrones reflejan una gran sed de Dios. La iglesia recomienda, orienta y fomenta estas celebraciones con liturgias especiales o actos de culto popular, para que conduzcan a un verdadero encuentro con Dios.

En la historia de la iglesia, la piedad popular ha tenido múltiples manifestaciones que se han originado en la Cuaresma, la Semana Santa, en advocaciones marianas, procesiones, peregrinaciones y visitas a los cementerios. Han producido abundantes frutos espirituales y verdaderas conversiones. Cuando se evangeliza, catequiza y orientan las celebraciones, la fe sale ganando. El documento de Aparecida nos dice: "Nuestros pueblos se identifican particularmente con el Cristo sufriente, lo miran, lo besan o tocan sus pies lastimados como diciendo: Este es el "que me amó y se entregó por mí" (Ga 2, 20). Muchos de ellos golpeados, ignorados, despojados, no bajan los brazos. Con su religiosidad característica se aferran al inmenso amor que Dios les tiene y que les recuerda, permanentemente, su propia dignidad".

Una verdadera piedad popular no sustituye a la liturgia de la iglesia. El culto se dirige siempre a Dios en la unidad de las tres divinas persona. La piedad popular no debe exaltar a la Virgen o a los santos por encima de Dios, sería una piedad desorientada. Toda expresión de religiosidad popular es una forma de inculturar la fe que conduce al encuentro con el Señor. Una sana vigilancia de la autoridad religiosa evita desviaciones religiosas y hasta supersticiones.

La piedad popular tiene también sus peligros, pues se corre el riesgo de que algunos líderes de celebraciones patronales sean entusiastas propagadores de las fiestas, pero no son "creyentes practicantes". Son muy capaces de organizar y celebrar fiestas patronales con abundantes cohetes, arreglos florales, adornos, música, novenas y misas, pero ellos no participan de los actos religiosos, no reciben la eucaristía ni se preocupan por la vida sacramental. Hacen cosas buenas, pero dejan de hacer lo mejor.

El Papa Francisco hablando de la piedad popular nos ha dicho: "Encontramos a muchos cristianos sin Cristo, sin Jesús. Son cristianos que ponen su fe y su religiosidad, su cristiandad, en muchos mandamientos: Debo hacer esto, debo hacer lo otro, pero en realidad no saben por qué lo hacen. Cristianos sin Cristo hay muchos, como los que buscan sólo devociones, muchas devociones, pero Jesús no está. ¡Y entonces te falta algo, hermano! Te falta Jesús. Si tus devociones te llevan a Jesús, entonces bien. Pero si te quedas ahí, entonces algo no marcha. Otro grupo de cristianos sin Cristo son los que buscan cosas un poco raras, un poco especiales, los que van detrás de las revelaciones privadas; desean ir al espectáculo de la revelación, a oír cosas nuevas. También los que se perfuman el alma, pero no tienen virtudes porque no tienen a Jesús".

La piedad popular es un medio para realizar un encuentro con Dios. Una devoción a la Virgen o a los santos que no conduzca a Dios, no tiene sentido.

*Sacerdote salesiano.