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De la ideología nadie come...

La ideología es un sistema de ideas, creencias y valores filosófico-políticos sobre el fenómeno humano y el fenómeno social. La palabra fue acuñada por el filósofo francés Antoine-Louis Destutt de Tracy, en 1795, como "Ciencia general de las ideas", divulgada por los pensadores y protagonistas de la Revolución Francesa.

Las ideologías entrañan una peculiar concepción del mundo: Idealistas unas, materialistas otras, ellas son desde el punto de vista filosófico distintas maneras de entender la libertad, la justicia social, el equilibrio entre la libertad y la autoridad, las tensiones entre la libertad y la igualdad, la organización y fines del Estado, la función de éste en el proceso económico de la sociedad, los linderos del concepto democrático, la organización y participación popular, la distribución del ingreso, los límites y responsabilidad social del derecho de propiedad y otros temas cardinales de la convivencia humana.

La ideología es la forma como cada sujeto o grupo de sujetos ve el mundo, de acuerdo con sus conocimientos, experiencias, sensibilidades, condicionamientos y lugar que ocupa en la estructura social, particularmente, en el proceso de producción económica, factores, todos éstos, que le imprimen una manera de ver las cosas.

En el campo de la ideología las personas se mueven entre dos extremos: la convicción ideológica profunda, que determina para ellas una constante manera de ser y de ver las cosas, y el pragmatismo, que es el inmediatismo utilitario, desde el cual se juzga la verdad —o, mejor, la conveniencia— de las doctrinas políticas. Son ellas dos posiciones antagónicas frente a la vida social: fundada en ideas, la una, y empírica, la otra, ligada no a las ideas sino a los intereses.

En El Salvador considero que, para perjuicio de todo el país, hemos vivido constantemente gobernados por políticos dominados, guiados y, en muchos casos, cegados, por su propia ideología, lo cual no les permite "poner los pies sobre la tierra" y apreciar que los caminos, fórmulas, mecanismos económicos y "recetas" para el desarrollo de los pueblos, casi nunca son de naturaleza ideológica sino que descansan en actos profundamente pragmáticos. El mejor ejemplo de ello en la actualidad, es precisamente uno de los pocos países comunistas que quedan en el mundo: la República Popular de China.

La apertura económica de China dio lugar al mayor crecimiento económico, acompañado de la mayor reducción de la pobreza en la historia reciente de la humanidad: más de 500 millones de personas fueron sacados de la pobreza extrema en China en las tres últimas décadas, ello gracias a un crecimiento económico constante de cerca de un 10 % anual.

China, que en su apogeo como dictadura comunista en la década de los Setenta, estaba coronada de miseria con un 65 % de su población en extrema pobreza, pudo reducir, en 30 años, ese clima de miseria implementando profundas reformas económicas de corte capitalista, reduciendo de esa forma el porcentaje de pobreza extrema del país a solo el 10 % de su población, ello, sin dejar de ser "oficialmente" comunistas, pasando a ser lo que se ha denominado un "Capitalismo de Estado".

En contraste, debido a que en El Salvador continuamos perdidos en argumentos ideológicos sobre cómo —en base a ellos— determinar el rumbo de nuestro país, no logramos reducir nuestra tasa de pobreza real, la cual según informe de CEPAL ronda los 45.3 % de la población salvadoreña. Si bien es cierto que en 2004 el país registraba una tasa de pobreza del 47.5 %, y que ésta se ha reducido un 1.3 % entre 2010 y 2012, pasando de un 46.6 % a un 45.3 %, respectivamente, el nivel de pobreza del país continúa siendo uno de los más altos de Latinoamérica, sin que nuestros gobernantes de turno logren "atinarle", de una vez por todas, a esa receta mágica que nos lleve a desarrollar mecanismos reales, consensuados y permanentes para asegurar la reducción de la pobreza a largo plazo.

Conociendo ejemplos como los de China, Finlandia y Corea del Sur, que han aplicado fórmulas ya conocidas para erradicar la pobreza: libre mercado, desregulaciones burocráticas, combate a la corrupción gubernamental y a la delincuencia, seguridad jurídica y una apuesta decidida a la educación universal, me dio mucha tristeza escuchar a dos de los principales candidatos a la Alcaldía de San Salvador, ambos potencialmente presidenciables, perderse en discusiones ideológicas trasnochadas o en propuestas quiméricas de regusto populista sin asideros en la realidad, cuando lo que realmente el pueblo necesita es escuchar propuestas reales, técnicas, serias y bien fundamentadas: aquellas de tipo pragmático pero eficientes, aunque no sean del gusto ideológico de las "estructuras históricas" de un partido político determinado; y es que ha llegado el momento que todos, principalmente los políticos, tenemos que entender que de la ideología nadie come… solo los interesados en vivir de ella.

* Colaborador de El Diario de Hoy.