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Idas y venidas de reyes, derechas e izquierdas

No voy hablar del mundial ni de fútbol, tampoco de Costa Rica, aunque la tentación es grande con eso de la fiebre de Brasil y el Mundial. No, quiero referirme a los estereotipos propios no solo del deporte sino también de la vida cotidiana que hacen que las relaciones entre los humanos se compliquen más de lo debido.

Hay un par de cuestiones a las que me refiero: una, eso de los reyes siempre es evocador de reinas, encantamientos y doncellas enjoyadas de los cuentos. Y dos, lo de las denominaciones de las izquierdas y derechas, no solo complica las cosas sino que, además, no nos deja ver más allá de nuestras narices y tener como horizonte el bien del país.

La semana pasada, Juan Carlos, rey de España, abdicó en su hijo Felipe ---un delfín con excelente preparación---, durante una ceremonia nada pomposa, sino más bien, sensible y simple. Al igual que el emperador, en Japón, el rey español es el símbolo de la unidad de un pueblo que se ha decantado por la democracia, pero desde la monarquía.

Nada que ver con princesas y la opulencia de reyes absolutistas, sino que en España, se trata de un sistema monárquico asentado sobre una sólida democracia en la que los españoles eligen por votación directa, en elecciones libres y democráticas, al presidente del gobierno español así como a las cortes. El primero encabeza el poder ejecutivo y las otras, el poder legislativo. ¿Entonces para qué un rey? Bueno, porque la monarquía es el símbolo de la unidad del pueblo español, guste o no guste, me parezca o no, lo cierto es que eso es el rey y, como dicen los titulares de algunos periódicos españoles, "la linda Costa Rica se carga también a la veterana Italia".

El rey es una institución veterana, propia de un sistema del pasado, pero que ha logrado convivir con la democracia representativa en la que la mayoría gobierna, pero que también respeta a las minorías, en igualdad de derechos. En El Salvador tenemos un sistema democrático, representativo, republicano y no tenemos rey que presida la monarquía hasta que este muere o renuncie a su corona, pero sí tenemos un estilo presidencialista en el que cada cinco años se elige al gobernante.

Un signo de que la democracia monárquica funciona es que las instituciones españolas son fuertes y de larga data, que permiten que haya pesos y contrapesos propios del poder democrático ya sea bajo un rey o un presidente. Quizá esta es la diferencia entre El Salvador y España, la cuestión no es que haya rey, sino que las instituciones son fuertes, de gran tradición, lo que hace que las gestiones públicas funcionen y los ciudadanos se sientan seguros dentro de un estable orden de derecho.

La terminología de "derechas e izquierdas", es un desfasado binomio que nace en los albores de la Revolución Francesa para designar las posiciones políticas de quienes se sentaban en las curules de la derecha o la izquierda en el seno de la asamblea nacional. También tiene que ver con la supuesta ideología, "retrógrada o progresista", que ejercen los políticos ante la vida, la sociedad, la democracia, la persona. El Partido Popular, el PP de España, se dice que es de "derecha", no así el Partido Socialista Español, el PSOE, que es de "izquierda", sin embargo, esta terminología no termina de explicar cómo enfrentar los problemas derivados del desempleo, así como buscar el progreso y el desarrollo. Es probable que el PSOE, con el rey a cuestas, fue el partido que modernizó a la España de hoy, fortaleció la democracia e hizo que la nación abordara el tren de la Unión Europea. En cambio el PP, en los últimos años, ha tenido que torear la crisis, la profunda crisis que se manifestaba de manera brutal con el desempleo de miles y miles de jóvenes que no lograban colocarse en el mundo laboral de la baja o alta tecnología que caracteriza a la sociedad contemporánea. Incluso ahora no se sabe si es la izquierda o la derecha la que está más relacionada con los sectores populares y la toma de posiciones de mayor o menor trascendencia populista.

¿Qué es la izquierda o la derecha en la actualidad? Esa es la gran pregunta que se hacen unos y otros y, por supuesto, la que se formulaban los sabios de antes quienes, como los de ahora, tratan de responder sin terminar de dar una respuesta, no por necesidad contundente, sino suficientemente razonable. Algo que pueda comprender la ciudadanía de hoy, inmersa en los grandes problemas de exclusión, pobreza y marginación, para que pueda superarlos y tomar el camino del desarrollo.

¿Entonces? No importa, o no importa mucho, ser monárquico o no, de izquierda o de derecha, lo importante es tener la razón, esgrimir los argumentos y, sobre todo, emprender las acciones necesarias para enfrentar con decisión los problemas que agobian a la población.

Posdata: ¿Y los principios de la monarquía y de la derecha o la izquierda? Habría que analizarlos como un tema aparte, pero de lo que sí estoy seguro es que son la clave para que la actuación política, sin importar la viñeta que se le atribuya, dé soluciones al desempleo, a la carencia de educación, de vivienda y, sobre todo, que permita a los individuos superarse desde la perspectiva de la defensa de la vida, el respeto a los demás, la tolerancia para escuchar a otros que piensan diferente y lograr así, una interacción pacífica y fructífera, para bien de los ciudadanos y del país.

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.

ricardo.chacon@eldiariodehoy.com