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Humo en la cocina

obre la idiosincrasia de su propio pueblo, el escritor Pío Baroja llegó a afirmar lo siguiente: "La verdad es que en España hay siete clases de españoles… Sí, como los siete pecados capitales: los que no saben; los que no quieren saber; los que odian el saber; los que sufren por no saber; los que aparentan que saben; los que triunfan sin saber, y los que viven gracias a que los demás no saben. Entre estos últimos algunos se llaman a sí mismos "políticos…".

Es posible que las primeras seis clases de individuos que señalaba Baroja no sean identificables en todas las sociedades, pero sí que podemos reconocer a muchos políticos salvadoreños en el último enunciado: "Viven gracias a que los demás no saben". Para entendernos mejor, me refiero a esa rastrera especie de falsos líderes que consiguen mantener su vigencia política en virtud de la ignorancia de la gente, temerosos siempre de que la verdad sobre sí mismos --sus ideas, sus intenciones y sus acciones-- termine truncando sus ambiciosos proyectos.

Lo que sucede con la ignorancia social es que cada vez resulta más arduo fomentarla, sobre todo para beneficiar a funcionarios públicos que ven con horror la extrema delgadez del cristal con que están hechos los tejados sobre sus cabezas. De pronto comprueban la validez de aquellas célebres palabras de Abraham Lincoln: "Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo".

Y a los inescrupulosos, en El Salvador, parece estárseles acabando eso: el tiempo. Y también la compostura. Y la serenidad. Están nerviosos. La ansiedad ha comenzado a cegarlos. Ya dijeron que evitarán responder señalamientos concretos alrededor de sus trayectorias. Llaman a debatir, pero a condición de "ver hacia delante", sin escarbar mucho en el pasado. Los verbos conjugados en pretérito les incomodan. Hasta las más inocentes críticas empiezan a obsesionarles, como al chucho sarnoso le obsesiona la picazón en los corvejones. No sería extraño que tuvieran pesadillas o padecieran de insomnio. Incluso es posible que una sutil e insoportable representación de las sombras de una cárcel les lleve a preferir la constante vigilia al reparador sueño. ¡Ah, la conciencia! ¡Qué quemaduras deben causar las llamas de la culpa en ese espacio íntimo!

Hoy estos políticos y sus compinches quieren poner mordaza a los señalamientos inconvenientes. Pese a que llevan años haciendo campaña negativa contra sus adversarios, ahora son ellos los que han desarrollado, repentinamente, una extraña hipersensibilidad en la piel. Y a tal grado se han vuelto sensibles, que la semana pasada recurrieron a un vergonzoso decreto legislativo para, dicen, "promover la participación democrática de los ciudadanos en el proceso de elección de presidente y vicepresidente…, sin afectar los derechos de los demás".

Así, como quien confecciona un traje a la medida, los diputados del FMLN, GANA y adláteres, en un íngrimo y paranoico artículo, prohíben transitoriamente la realización de "propaganda, publicidad o eventos proselitistas (sic) que desprestigien a las personas", con énfasis especialísimo "en quien públicamente se haya postulado como aspirante" a la presidencia de la República. Y rematan con un agregado de antología que desnuda sus intenciones: "…aunque su candidatura aún no se encuentre inscrita".

Basta, pues, que alguien anuncie su intención de competir en las próximas elecciones para que el "blindaje" le cubra. Los medios de comunicación, además, estarán obligados a entregar al TSE la información que les sea requerida sobre contratos comerciales privados, todo con el fin de deducir responsabilidades por el supuesto "desprestigio". ¿Cabe mayor descaro?

William Shakespeare escribió: "No es digno de saborear la miel el que se aleja de la colmena por miedo a las picaduras de las abejas". Tampoco son dignos de dirigir un país los políticos que revelan así la fragilidad de sus temperamentos. Si tanto les molesta el humo, ¿quién les obligó a meterse en la cocina?

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.