Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Hugo Chávez y su legado

La muerte, todavía reciente, del comandante Hugo Rafael Chávez Frías ha confirmado las sospechas que albergábamos muchos en torno a la viabilidad del régimen personalista y autocrático que por catorce años minó la estabilidad social, económica y emocional de Venezuela. Su "legado", más allá de los mitos y la iconografía con que será revestido por el izquierdismo mundial, constituye un nuevo ejemplo del magro destino que espera a las naciones que se aventuren a las experimentaciones socialistas, por muy modernizadoras que pretendan ser.

Si los estatismos y las ingenierías sociales que caracterizaron al viejo imperio soviético no lograron sostenerse en el tiempo, a pesar de la teorización y los cuantiosos recursos que los apuntalaban, tampoco las tropicalizaciones de aquellos métodos erróneos tendrán éxito en Latinoamérica. No es cuestión de liderazgos fuertes o de chequeras amplias: eso que hoy llamamos desarrollo, simplemente, es incompatible con las ideas que el socialismo propone desde que fue concebido, o con cualquiera de sus aplicaciones.

Hugo Chávez era un hombre carismático que supo conectar con las emociones de millones de venezolanos, cuyos votos le garantizaron, hasta su muerte, la continuidad de sus planes. Al cabo de catorce años, sin embargo, el tipo de sociedad que este caudillo terminó construyendo se parece más a la atrasada nación heredera del feudalismo despótico contra la que se alzó su admirado Bolívar, que al país pujante y abierto al mundo que Chávez vituperaba con el mote de "Cuarta República".

Imposible negar los numerosos errores políticos que se cometieron en Venezuela antes de la llegada de Chávez al poder. En demasiados sentidos, al fin y al cabo, estos errores explican la fulgurante popularidad del líder bolivariano. Lo que apunto aquí es que la entronización de un gobierno tan abiertamente contrario a los principios democráticos viene a ser, a la luz de la historia, la culminación de un largo proceso de degradación institucional, en lugar de ser la apuesta histórica que condujera a superarlo.

Chávez estuvo lejos de convertirse en el guía de una sociedad ansiosa de sobreponerse a sí misma. Ni siquiera intentó buscar la mejor conciliación posible entre los factores que identificaba como causantes de la pobreza de tantos venezolanos y el necesario pragmatismo en que deviene todo esfuerzo gubernativo que desea aliviar esas situaciones. De sus medidas sociales ha quedado en Venezuela un engorroso sistema clientelista, mezcla de burocracia y corrupción, con niveles escandalosos de parasitismo y anomia. De sus arbitrarias medidas económicas se desprende hoy un decadente aparato productivo, una cultura de irrespeto a los derechos de propiedad y un mercado débil estrangulado por la demagogia y el desabastecimiento. De su verbo incendiario, finalmente, sólo obtuvo la patria de Bolívar renovadas excusas para dividirse más de lo que ya estaba.

Nicolás Maduro no podrá afianzarse a la cabeza de un régimen que únicamente el carisma de Chávez conseguía mantener en pie. La bomba de tiempo que el difunto dejó en manos de su autoproclamado "hijo" necesitaba ser acompañada de algo que el chavismo no estaba en condiciones de heredar a nadie: el talento administrador de una transición obligada. Por eso, cuando se vuelva insostenible, la dinámica misma del sistema pondrá a Maduro en la disyuntiva de abandonar el poder o empujar al país a una mayor inestabilidad, con las duras consecuencias previsibles en ambos casos.

Hugo Chávez ha pasado a engrosar la extensa lista de héroes y santones que la "religiosidad" socialista necesita para seguir engañando a pueblos incautos. Se dirá que su "gesta" quedó incompleta con el advenimiento de la muerte prematura y que los herederos no supieron estar a la altura de su "legado humanista". Esta vez, sin embargo, la historia tendrá muchas fuentes objetivas sobre las cuales dictaminar, porque hace falta ser muy fanático para negar lo obvio en la angustiosa situación actual de Venezuela.

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.