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Hoy es 15 de septiembre

Mi mayor ilusión los días previos y el quince de septiembre en los años cincuenta y los primeros de los sesenta, era el desfile conmemorando la independencia de El Salvador de la que, sin tener entonces la menor idea, a partir de 1975, es mi segunda Patria, España. Siempre participé con alegría en los ensayos y muy ceremoniosamente, en el desfile del quince de septiembre.

Había que desayunar bien y tomar agua antes de ir a la escuela para escuchar los discursos patrios, cantar el Himno Nacional y recitar la Oración a la Bandera y luego tomar parte en el desfile. Empezaba con los batallones del ejército y la banda regimental que marcaba el paso del desfile.

A principio de los cincuenta sólo el "Santo Tomás" y el "Sarvelio Navarrete" tenían banda de guerra. A mediados de los cincuenta otras escuelas también tocaban marchas con redoblantes y cornetas. Hoy vemos bandas de paz muy completas con lindas y elegantes cachiporras que le dan más esplendor al desfile.

Pero tan importante como el desfile y que lo viera la familia desfilando, era el acto como un tributo y mucho respeto a los próceres por haber trabajado para la independencia política y gubernamental de El Salvador, de la Madre Patria.

Siempre estuve convencido de la "historia blanca" de la independencia, que nos relataban los maestros en las clases de ciencias sociales de la primaria en aquellos años. "Los próceres eran hombres dignos, honrados, religiosos, que amaban la libertad y querían abolir la esclavitud".

Pero en 1967 conocí en Alemania un estudioso de la historia latinoamericana de origen uruguayo, quien me explico la "otra historia" de las independencias de todos los países latinoamericanos y que las razones por las cuales los criollos, hijos de españoles en Latinoamérica, que muchos no conocían España, de pronto empezaron a revelarse y se pusieron de acuerdo para no seguir pagando los impuestos, cada vez más onerosos, que exigía España, sumergida entonces en una serie de conflictos bélicos para los cuales necesitaba los impuestos. ¡Quizás, así fue en Sur América! Opiné. Pero él historiador insistió en que esa fue la razón de la independencia, pues independizándose, también dejarían de pagar.

No quería dejar de pensar en la fidelidad de los próceres hacia sus pueblos y como esta larga conversación fue durante y después de una cena, casi no pude dormir, tratando de entender por qué debía cambiar mi paradigma histórico, que esa noche me habían cuestionado.

Pasó el tiempo y después de treinta años alejado de los desfiles del quince de septiembre, volví a verlos en San Vicente y entonces decidí, seguir creyendo en la historia blanca.

*Ingeniero. Columnista de El Diario de Hoy.

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