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Hoy depositaremos el poder, mañana exigiremos resultados…

Hoy elegiremos al nuevo gobernante del país para los próximos cinco años. Resulte o no vencedor el candidato de nuestra preferencia, si creemos en la democracia y la practicamos, habremos de aceptar los resultados sin titubeo alguno. Así sucedió en 2006 cuando Violeta Menjívar, del FMLN, ganó la Alcaldía de San Salvador frente a Rodrigo Samayoa, aspirante de ARENA, con poco más de 40 votos de diferencia. Eso mismo ocurrió en el 2009 al proclamarse triunfador el aspirante Mauricio Funes con tan sólo dos puntos de diferencia de su principal adversario, el exdirector de la policía Rodrigo Ávila.

Desde la firma de los acuerdos de paz a la fecha, ninguno de los dos partidos mayoritarios ha generado una crisis institucional por su desacuerdo con el veredicto de las elecciones. Ambos han admitido el dictamen de la autoridad electoral y asumieron de inmediato el rol que la ciudadanía les asignó como partido de gobierno y como oposición política. Sin importar la brecha que separa al ganador del segundo lugar, la denuncia de fraude el día de la elección no ha representado una estrategia desestabilizadora por parte del perdedor. No hemos tenido episodios en los que algún candidato impugne las votaciones y deje en manos de los magistrados del organismo electoral, tres de ellos representantes de partidos, la decisión de anular o ratificar la elección presidencial.

Ahora bien, consentir y aprobar el escrutinio oficial del TSE, no significa renunciar a la denuncia de todas aquellas circunstancias que empañaron el proceso electoral. La última, entre la larga lista de omisiones cometidas por el árbitro electoral, ha sido su actitud, en el período de silencio electoral previo a esta segunda vuelta, frente a los spots de Alba Petróleos de El Salvador.

Es pública la participación de los principales miembros de la comisión política del FMLN en las juntas directivas de las diferentes empresas que conforman el consorcio Alba. Los símbolos del partido en el logo de la empresa, el color y principalmente la participación de la fórmula presidencial del partido de izquierda en los actos de la sociedad de economía mixta, constituían suficientes elementos para que el TSE, de oficio, iniciara una investigación al respecto y dictara medidas cautelares sacando del aire los anuncios. Esta misma semana, el día jueves, los diferentes noticieros informaban sobre la entrega de becas a más de 1800 estudiantes de 17 municipios de San Salvador y La Libertad por parte de Alba Petróleos, acto que fue presidido por el candidato a la vicepresidencia, Óscar Ortiz.

La democracia no finaliza con los comicios presidenciales de este domingo. En marzo del próximo año asistiremos de nuevo a las urnas y dentro de cinco años elegiremos a otro mandatario. Por esa razón es importante corregir y sancionar todas aquellas conductas de los partidos contrarias a la legislación de la materia.

Si en las futuras competencias electorales persisten las deficiencias en la justicia electoral, así como la falta de control y de regulación del financiamiento político, el uso de recursos del Estado por parte de la presidencia para realizar campañas proselitistas a favor del partido de gobierno y la falta de campañas de educación cívica para que los ciudadanos ejerzan su derecho al sufragio, la calidad de la democracia se deteriorará y la poca credibilidad que aún conservan los agentes políticos y las instituciones terminará por diluirse arriesgando la estabilidad del sistema político.

Los personalismos en política se alimentan de la debilidad de los partidos. Estos últimos, si pretenden permanecer en el tiempo e institucionalizarse, deben enmendar las deficiencias señaladas y modificar la legislación que haga falta para transformarse en institutos políticos verdaderamente democráticos y transparentes. Son muchos los retos del próximo presidente de El Salvador. El menú contiene una deuda pública insostenible, un lento crecimiento económico, desempleo, homicidios al alza y un desprestigiado sector público. La magnitud de estos problemas se incrementará si la institucionalidad colapsa. Y este escenario es posible cuando se ignoran por completo los principales cimientos de un sistema democrático: elecciones periódicas, transparentes y justas, partidos fuertes y entidades públicas independientes.

Hoy depositaremos el poder político en manos de un partido y de su candidato. Mañana y el resto de los cinco años del período que inicia el 1º de junio, tendremos que vigilar, exhaustivamente, que el ejercicio de ese poder se haga con mesura, apegado a la ley, en beneficio de los más pobres y con la firme convicción que el desarrollo no será posible si quienes generan empleo mantienen la incertidumbre del retorno de su inversión.

*Columnista de El Diario de Hoy.