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La hora cero

Llegó el día en que los salvadoreños --"la mayoría silenciosa"-- podremos ir a las urnas a votar. Vote por quien prefiera, pero salga a votar, cumpliéndole así al país, a nuestras familias y a nosotros mismos. Atrás quedó una larga campaña, con excesos y claro tinte autoritario que, como todo lo humano en esta vida, concluyó. Ahora nos toca a nosotros elegir presidente y vicepresidente de la República para el quinquenio 2014-2019. Es verdad que la seriedad de la crisis generalizada en que vivimos requería de más propuestas de los diferentes candidatos, ya que solución a los problemas es lo que necesita El Salvador; cada quien, empero, sabrá más sobre el estado de su situación familiar.

Aun habiendo faltado propuestas en esta campaña, lo que sí está bastante claro son los proyectos políticos en contienda: mientras uno se identifica claramente con "el modelo" que han seguido las naciones más prósperas del planeta (léase el Estado de Derecho, el respeto a las libertades y los pesos y contrapesos que tanto requiere la democracia), en el otro se cree más en el todopoderoso Estado, en el control de las instituciones y en coartar las libertades fundamentales; el mal manejo de la economía y la carestía se vuelven a su vez marca de la casa. No es entonces casualidad que se adolezca de ejemplos de éxito entre los países que se rigen por "esta visión".

A las diez de la noche de mañana, a más tardar, ratificó esta semana el Tribunal Supremo Electoral (TSE) que dará a conocer los resultados de la elección. Qué bueno que sea así porque desde las elecciones de 1982 --cuando estábamos en punto crítico de la guerra--, que se votó por primera vez en esta nueva oleada democrática, respetados y aceptados han sido siempre los resultados electorales. Es decir, pueden darse ciertas irregularidades en los procesos electorales, ya que la disputa se da en cada urna de los centros de votación, pero sagrados son los resultados que emanan de la voluntad popular. Punto fundamental en la transición de la guerra hacia la paz.

La hora cero llegó y en nosotros está escribir mañana domingo 2 de febrero otra jornada gloriosa en la historia de la vida de la nación. Salgamos a votar, por la opción que cada quien prefiera, pero hay que cumplirle al país, a nuestras familias y a cada uno de nosotros. Nuestro voto cuenta, no dejemos que otros --los más partidistas-- sean quienes terminen decidiendo por nosotros. La política, tomando la célebre frase de Clausewitz como analogía, es demasiado importante para dejarla en manos de los políticos. Además, debemos tener confianza plena en que nuestro voto es secreto, por lo que si usted quiere dejarlo entre usted y su conciencia puede hacerlo. Entre usted y su conciencia.

Será la primera vez que habrá voto domiciliar en todo el país en una elección presidencial, por lo que votar será más fácil que nunca. Mañana será el turno de la gente --de la mayoría silenciosa-- de ir a votar. Saturados, como nunca antes, de meses y meses de publicidad, de juegos de imágenes y de otras cosas, creo que los salvadoreños nos haremos presentes en las urnas. Elegir presidente y vicepresidente de la República para el quinquenio 2014-2019, con un alto porcentaje de votación en las urnas, más que responsabilidad deberá ser un privilegio. Creo que habrá mañana una magnífica jornada, crucial para nuestro presente y para nuestro futuro.

¡Que así sea!