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El hombre invisible

En El Salvador se ha progresado en transparencia. Desde el 2012 contamos con una Ley de Acceso a la Información Pública, el Instituto de Acceso a la Información Pública y la proliferación de OIR --oficinas de información-- que hacen un esfuerzo por procesar el 90-97% de las demandas de información solicitadas. Pero, ¿qué sucede con ese pequeño margen de demandas que no son respondidas?

Lo que los ciudadanos debemos saber es que es ese 2 al 3% de demandas por información que son negadas las que harán la diferencia. Esas piezas de información hechas invisibles por el Gobierno podrían ser la pieza de ajedrez que en el juego ciudadano en contra de la corrupción hará el jaque mate. 

Un ejemplo del lado invisible de la transparencia es el caso del Fondo de Inversión Social para el Desarrollo Local (FISDL). Al inicio de la gestión presidencial anterior, en 2009, el doctor Héctor Silva impulsó decididamente el tema de transparencia y rendición de cuentas. Como presidenta del FISDL, retomé el tema y lo apliqué con la convicción de que el desarrollo no tiene color político. Dejé la institución con la plena confianza de haber dejado un legado importante, reconocido como tal por Transparencia Internacional (Capítulo Nacional de Transparencia Internacional), que calificó al Ministerio de Obras Públicas y al FISDL como los más "transparentes" de toda la administración.

Es ya un lugar común que con la nueva gestión del 2014 el FISDL fue entregado como cuota política al partido GANA. Si esto resultase ser cierto, significaría un retroceso indiscutible en la institucionalidad del principal mecanismo del gobierno para combatir la pobreza, sobre todo porque esto socavaría su reputación de transparencia en el manejo de los fondos provenientes de la cooperación internacional, los cuales representan más del 50 % de su presupuesto.

Algunos funcionarios parecen manejar el peligroso método de "ahogar" la transparencia brindando al ciudadano gigantescas cifras estadísticas. Cifras que son precisamente eso: estadísticas en la que se oculta la verdadera información, comprometedora o no, que interesa al ciudadano deseoso de mejorar la calidad democrática de nuestra vida política. ¿Cuál es el mejor sitio para esconder un árbol? ¡En un bosque! ¿Cuál es el mejor sitio para ocultar la información más pertinente para el ciudadano? ¡Entre miles de páginas de información insignificante!

El gobierno ha buscado popularizar la palabra transparencia, pero de tal manera que ha sacrificado su auténtico significado político. Quieren hacernos creer, desde el poder, que ya hay bastante transparencia: la posible, la adecuada, la suficiente a la que tenemos derecho… Los salvadoreños sabemos distinguir entre lo que es y lo que no es. No vamos a permitir que nos den gato por liebre. Esto de la transparencia pareciera ser, más que un trabalenguas, un juego de tripa-chuca.

Muchos de ustedes habrán leído la novela "El Hombre Invisible" de H.G. Wells, publicada a finales del Siglo XIX, o quizás habrán visto las versiones para el cine. En esa historia, un hombre consigue por medios científicos la transparencia absoluta, la invisibilidad y, por lo tanto, desaparece de la percepción de sus conciudadanos. Hay quien quiere convertir al Gobierno en el "Hombre Invisible". Ya sabemos que la transparencia es diferente a la invisibilidad… El propósito de la transparencia es hacer visible la manera en que funciona el gobierno para valorar la honestidad de los funcionarios tanto como su eficiencia y su eficacia. El propósito de la invisibilidad es negar la verdad.

Solo quiero preguntar al hombre invisible del gobierno: ¿Quién es Usted? ¿De dónde viene? ¿Qué pretende?

Yo sí le puedo decir qué quiero como ciudadana: No el 97 % de acceso a la información… ¡Quiero el 100 por ciento! En un gobierno democrático y libre no se valen ni las medias transparencias burocráticas ni las opacidades financieras: o sé es o no sé es transparente.

Los ciudadanos queremos en el poder al hombre transparente, no al invisible.

*Ex presidenta del FISDL, M.A. en Economía Vanderbilt University, USA, y M.A. 

en Política Social Universidad Católica 

de Leuven, Bélgica.