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Histórico 9 de marzo

Los salvadoreños le dimos un vuelco indudable, extraordinario, sin precedentes, electoralmente inverosímil y politológicamente desconcertante, a un marcador que apenas hace cinco semanas parecía poco menos que irremontable. ¿Lo consiguió ARENA por sus propias fuerzas? No, sin duda. Esa hazaña sólo puede adjudicársela el votante que, en número superior a la primera vuelta, acudió a las urnas el domingo 9 de marzo para enviar a sus líderes políticos una serie de mensajes.

El primer mensaje es que ningún partido debe adjudicarse la exclusividad de la representación del "pueblo". Nadie tiene de qué envalentonarse. Sumar casi la mitad exacta de las preferencias electorales obliga a tener mínimas consideraciones con el oponente, que ha conseguido prácticamente lo mismo. Arengar a la militancia subido en una tarima sirve para animar a la propia facción política, pero el arte del gobierno consiste en servir a todos a pesar de las diferencias políticas. Quien mejor lo entienda, aunque pierda en el escrutinio final, será el beneficiado real de este proceso; quien lo ignore, por el contrario, aunque obtuviera hoy un puñado de votos más que su adversario, perderá a la larga todo lo que cree haber ganado.

Un segundo mensaje del 9 de marzo está relacionado con el abuso de poder y la repelencia que provoca esta actitud en el votante reflexivo. El FMLN vio reducir dramáticamente su considerable ventaja del 2 de febrero por múltiples razones, pero es evidente que el beligerante protagonismo de Mauricio Funes en la campaña, la utilización de recursos públicos para desprestigiar a los críticos, la abultada parcialidad del TSE en la aplicación del Código Electoral y la incoherencia de autoproclamarse respetuosos del Estado de derecho mientras se beneficiaban de tantas y tan repetidas violaciones a la ley, todos fueron signos que causaron alarma en buena parte de la ciudadanía.

Es posible incluso que la dura situación de Venezuela sólo empezara a tener una verdadera incidencia en los electores cuando el talante y el lenguaje de Mauricio Funes fueron adquiriendo inequívocos rasgos dictatoriales. En su temeraria ansiedad, nuestro presidente se mostró incapaz de medir los niveles de rechazo que ya estaban alcanzando sus arrebatos. El autocontrol y la prudencia, cualidades que suelen emparentar a los estadistas de todos los tiempos, en la personalidad de Funes son tan inexistentes como las pestañas de los dinosaurios. Y eso, que en una primera fase del proceso pudo favorecer al FMLN, en la última etapa empezó a jugarle en contra.

Un tercer mensaje del voto que se expresó el domingo es una implícita defensa de los principios democráticos. Está claro que quienes se inclinaron por ARENA, hasta el punto de llevarle a una recuperación digna de estudio, no simpatizan con experimentos socialistas de ningún tipo. Lo curioso es que la opinión de los votantes adquiridos por el FMLN el 9 de marzo no tiene por qué ser forzosamente distinta. El profesor Sánchez Cerén prometió ceñirse a la Constitución, respetar las libertades individuales y abrirse al diálogo con todos los sectores. Es indudable que un buen porcentaje de los nuevos simpatizantes del Frente compró ese discurso conciliador.

Ahora se comprende mejor por qué exhibió tanto nerviosismo el partido oficial ante una segunda vuelta electoral. Los cada vez más desaforados exabruptos de Mauricio Funes, la posición de desafío ante las prevenciones de la Sala de lo Constitucional y hasta la inexcusable falta de un plan gubernamental para atender la previsible demanda de documentos de identidad --omisión que dejó sin votar a cientos de salvadoreños--, eran síntomas de una vulnerabilidad real, contraria en más de un sentido a lo que los salvadoreños hemos terminado expresando en las urnas.

"En política", decía Antonio Machado, "sólo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela". Juzgar con este pragmatismo los resultados del 9 de marzo es tarea para líderes de verdad. ¿Los tenemos?

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.