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Hibernación electoral y la seguridad pública

La instrumentalización de la criminalidad e inseguridad por la clase política, es una práctica, lamentablemente, generalizada. Todos los países del mundo han experimentado momentos específicos en su historia en los que estos problemas han sido explotados por candidatos durante épocas electorales para incrementar sus posibilidades de ganar. La naturaleza transversal de estos temas y la consecuente afectación a la ciudadanía, los hacen muy atractivos para las campañas electorales, en especial cuando han alcanzado niveles agobiantes. Los candidatos prometen de todo con tal de convertirse en ese Superman que la ciudadanía anhela y busca sin descanso, desesperada por los peligros a los que se expone a diario y con la esperanza de que alguien atienda su clamor. 

Una vez pasa la elección y la próxima aún no se avecina en el horizonte, las promesas y discursos empiezan a cambiar y, en algunos casos, a disiparse. Después de un tiempo, es posible identificar cuál es la verdadera postura del político electo sobre la criminalidad y seguridad, y qué tanta importancia realmente le adjudica esos problemas. 

El Salvador acaba de entrar en ese período de hibernación electoral. Después de pasar años en campaña, los institutos políticos no estarán presionados por las posibles consecuencias de sus discursos y acciones sobre los resultados de comicios inminentes. Las máscaras que usaron durante las elecciones se removerán poco a poco y revelarán qué tanto se parecen o distan de su verdadero rostro. 

Esto es en especial relevante en el oficialismo, ya que éste tiene el control de gran parte del aparato estatal y, en consecuencia, la dirección que decidan tomar en temas críticos prácticamente dictará el nivel de fracaso o éxito del abordaje gubernamental. En esencia, por lo tanto, el bienestar del salvadoreño promedio está en manos del oficialismo. Qué tanto mejore o se deteriore la seguridad pública es responsabilidad del presidente y su equipo de funcionarios, ya que tienen el poder y la autoridad para definir el camino en que seguirá el andamiaje estatal, a qué ritmo y con qué intensidad.

Ahora que oficialismo ha empezado a quitarse el disfraz de la campaña, lastimosamente, se han develado indicios preocupantes. Hay dos en particular, que juntos constituyen una fuerte alarma a la que todos debemos de prestar atención. 

Al analizar la composición del gabinete de seguridad, en el que figuran veteranos políticos y fieles adeptos del partido oficial, es indiscutible que el gobierno actual favorece una conducción política sobre una técnica del aparato de seguridad pública. Es indudable que esto conlleva repercusiones serias, directas e indirectas, sobre elementos que definen la efectividad y eficiencia de la seguridad, y queda claro que éstas se prefieren sacrificar por la consecución de objetivos e intereses partidarios. Esta premisa se vuelve aún más clara con las recientes declaraciones del presidente, en las que vinculó la efectividad en el combate del crimen con una resolución de la Sala de lo Constitucional, desvaneciendo así cualquier duda de su disposición a manchar la seguridad pública en su esfuerzos por alcanzar metas políticas. 

En círculos de inteligencia y seguridad, por otro lado, hay quienes sostienen que incidentes recientes etiquetados como "enfrentamientos" entre las autoridades y pandilleros, son en realidad ejecuciones a sangre fría. Muchas personas, cegadas por la desesperante crisis delictual, aplaudirán este tipo de medidas, pero, desde un punto de vista técnico, el único potencial de este abordaje es agudizar y complicar más el escenario delictivo y fomentar las actuaciones extralegales de los cuerpos de seguridad. 

Estos indicios sugieren que el aparato de seguridad está en camino a convertirse en uno eminentemente político, en el que las actuaciones fuera de la ley están justificadas bajo ciertas circunstancias. Hasta el momento, lamentablemente, esta es la cara que ha mostrado el oficialismo. Por el bien del país, esperemos que esta apreciación cambie con el tiempo. 

*Criminólogo.

@cponce_sv.