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Hazañas y desafíos

El país entero debería sentirse orgulloso de la hazaña lograda por Marcelo Acosta, de 18 años, al ganar medalla de plata en los recién iniciados Juegos Olímpicos de la Juventud --cuya segunda edición se está desarrollando-- en Nanjing, China. Como se reporta, es el primer salvadoreño que gana una medalla en Juegos Olímpicos, así validados por el Comité Olímpico Internacional. Y refuerzo el calificativo de "hazaña" porque entre otros vicios que impiden el desarrollo integral de nuestros deportistas está la falta de apoyo que vienen enfrentando, en especial durante la administración anterior a través del ente encargado, el Instituto Nacional de los Deportes (INDES).

Tuvo que lanzarse día tras día al agua cada uno de los hermanos Acosta para que Marcelo, el menor de ellos, con el apoyo de sus padres --su padre es el actual presidente de la Federación de Natación--, nos haga ahora disfrutar de este éxito que debería servirnos para mostrarnos que sí podemos escribir el nombre de El Salvador en las máximas competiciones deportivas. Nada nos llenaría más a quienes cotidianamente tomamos el pulso a nuestra sociedad ejerciendo el periodismo, que escribir para nuestros lectores, difundir para nuestras audiencias, muchas más noticias de este tipo. La realidad del día a día del país, empero, nos obliga a señalar también temas no positivos.

Es importante la reiteración del Arzobispo y presidente de la Conferencia Episcopal, Monseñor José Luis Escobar Alas, sobre el riesgo en que como país nos encontramos por la imparable ola de violencia que sufrimos, haciendo un especial énfasis en el enorme sufrimiento humano que causan los homicidios y las extorsiones, en especial entre la gente más sencilla evidencia el cómo estamos. Pero, además, seguimos con una economía estancada y con un nuevo gobierno que, si bien no ha sido agresivo como el anterior, da mensajes y señales difusas como la promoción del diálogo pero, al mismo tiempo, el madrugón. Precisamente, el fundamental tema de la credibilidad entre diferentes fuerzas ha sido para mí la víctima más directa del madrugón.

Luego de la caída del "Socialismo Real", el proyecto de la izquierda dura se quedó sin referente al caer estrepitosamente su modelo hasta que surgió el "Socialismo del Siglo XXI", financiado por los petrodólares de Venezuela. Al ganar la elección Salvador Sánchez Cerén, con su discurso conciliador de fomentar el crecimiento económico, de búsqueda de diálogo para encontrar acuerdos que resuelvan los principales problemas del país, algunos creímos, otros quisieron creer y muchos ni siquiera creyeron en que se volvía posible hacer lo sensato por el bien de El Salvador, léase y para iniciar: por el bien de la gente más sencilla a la que se ha referido de forma repetida el Arzobispo.

Si es como dicen algunos, que poco o muy poco ha tenido que ver el presidente con las señales difusas en sus primeros setenta y cinco días en el gobierno, lo que entonces cabría es al menos cierto grado de magnanimidad, de la que nunca tuvo su antecesor, para reimpulsar su agenda. Dicho en otras palabras, la administración Sánchez Cerén no ha llegado todavía a sus primeros cien días, por lo que viéndolo en base en realidades, diálogo, búsqueda de acuerdos básicos que coadyuven en la resolución de algunos de los problemas más graves del país, en seguridad ciudadana, en fomentar el crecimiento económico, es además de sensato, lo que cabría hacer.

De ser así, hazañas que tanto orgullo nos dan como la de Marcelo Acosta serán mucho más continuas en los diferentes ámbitos en un país que madura políticamente al saber administrar sus diferencias civilizadamente, y que conforme las reglas de la democracia tiene como desafío inmediato recuperar prosperidad y alcanzar tranquilidad ciudadana.

*Director Editorial

de EL DIARIO DE HOY.