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No hay tregua de cárteles en México

A diferencia de los grupos que operan para el control de áreas geográficas en México, todo lleva a indicar que los Zeta se han desplegado fuera del territorio mexicano, no sólo hacia el norte, sino hacia Centroamérica

El  escandaloso y sonado escape de “El Chapo” Guzmán de una prisión mexicana de máxima seguridad, ejecutado con alta precisión el pasado 11 de julio, ha atraído una considerable cobertura de los medios de comunicación de todo occidente, especialmente los mexicanos. 

Si bien la descarada y bien elaborada fuga se suma a la fama de la cual ya goza “El Chapo” Guzmán, es de considerar que el hecho aislado del escape, en si, en términos realistas, tiene poco significado para el crimen organizado en México; incluso considerando que momentáneamente, lo más seguro, es que ese evento va a crear tensiones en la coordinación entre los intereses de los Estados Unidos a lo largo de la frontera y la eficacia en la aplicación de la ley mexicana. Las fuerzas que impulsan la evolución de la delincuencia organizada y su impacto en la sociedad mexicana son simplemente, mucho más grandes e importantes de la que puede ostentar un solo jefe del crimen organizado.

De hecho, para cuando Guzmán fue detenido en febrero de 2014, las estructuras del cártel de Sinaloa ya estaban fragmentadas. Los grupos que operaban en áreas geográficas y que fueron parte de la red criminal de “El Chapo”, desde entonces ya estaban actuando de manera autónoma. Algunos de estos grupos, incluso luchaban entre sí. El arresto de Guzmán y la posterior captura de algunos de sus lugartenientes, solamente aceleraron esa tendencia a la desarticulación. Es más, ahora los dominios geográficos que durante décadas fueron controlados por los jefes del crimen, con sede en Sinaloa, actualmente están controladas por otros grupos, entre ellos, el cártel de Jalisco Nueva Generación, que se expandió a lo que fue el denominado cártel de Juárez.

Hoy con su gran escape, Guzmán puede intentar volver a consolidar el control que una vez tuvo sobre las actividades del crimen organizado en México, pero es de recordar que sus anteriores esfuerzos para lograrlo ya fracasaron, y esa tarea sería hoy en día mucho más difícil, ahora que su red se encuentra disminuida.

Desde el 2012, el crimen organizado mexicano se ha vuelto cada vez más fragmentado, por mérito y esfuerzos del Gobierno mexicano por modernizar las instituciones de seguridad pública. Se ha logrado disminuir gradualmente las oleadas de violencia extrema, que aún pueden surgir en lugares como Tamaulipas. Por lo general, estas oleadas se debilitan tan pronto como las fuerzas de seguridad se mueven, incluso con las tácticas usadas en los conflictos del pasado, en lugares como Ciudad Juárez, donde el nivel de violencia ha seguido subiendo a pesar de repetidos despliegues de tropas federales.

Existe también otra realidad del crimen organizado mexicano, denominada los Zeta, que han mantenido sus capacidades operativas en el tráfico de drogas y otras actividades delictivas. Una organización criminal que ha conservado la capacidad de defender sus negocios ilícitos y continuar realizando operaciones ofensivas profundas en el territorio de sus rivales. Sin tregua alguna.

A diferencia de los grupos que operan para el control de áreas geográficas en México, todo lleva a indicar que los Zeta se han desplegado fuera del territorio mexicano, no sólo hacia el norte, sino hacia Centroamérica. El cártel dicen que ha burlado al gobierno mexicano, ofreciendo empleos mejor remunerados a los soldados desplegados en sus territorios.

Las administraciones de Calderón y Peña Nieto, señalan específicamente a estos grupos como objetivos prioritarios de su actuar contra las organizaciones criminales. Los operativos han buscado golpear estas organizaciones, al incrementar la detención y aniquilamiento de jefes de plaza, sin tregua. 

Ahora se suma como prioridad, el escándalo llamado “El Chapo”.

*Colaborador de El Diario de Hoy.