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Hay elementos de juicio

Podemos llenarnos de altura y decir que nada de lo visto ha sido suficiente, que faltó contundencia, que no mostraron números, que las propuestas no eran aterrizadas, que no explicaron cómo van a pagar esto o aquello, también podemos decir que la culpa es de los candidatos y de sus cúpulas, que no comprendieron el cambio generacional y cualitativo del votante de 2014, que demanda más de sus candidatos a gobernantes. Podemos decir todo esto y más, pero cuando el polvo se haya asentado, entonces tendremos tiempo suficiente para presionar a los partidos políticos para ver los cambios que como sociedad pedimos, ahora no es el momento, estando a pocos días de elegir presidente las prioridades son otras, el calor del momento no lo permite, estos cambios los debimos haber pedido hace 4 años y medio, cuando no estábamos en medio de la contienda presidencial, con claridad de mente y a tiempo.

La realidad es que independientemente del nivel de satisfacción de nuestras expectativas de campaña/plan de gobierno/propuesta electoral, sí hay elementos de juicio para definir por quién votar, esto por virtud que ambos candidatos, Salvador Sánchez Cerén y Norman Quijano, tienen amplia trayectoria en el quehacer político de nuestro país. Es decir, el votante salvadoreño es lo suficientemente sofisticado como para no ser engañado por promesas de campaña o canciones bonitas que ofrecen el sol, la luna y las estrellas también, cuando hemos tenido por años la oportunidad de presenciar en primera fila el desempeño como representantes del pueblo de los dos candidatos en contienda.

Si no conocemos el desempeño de Norman Quijano como alcalde, pues la solución es sencilla, tomemos dos o tres horas de nuestra apretada agenda y recorramos San Salvador con los ojos bien abiertos verificando el estado de parques, plazas, mercados, clínica municipal, cementerio, funeraria y lavaderos municipales, centro histórico, obras en zonas de riesgo, etc. También vayamos a la alcaldía de San Salvador a exigir una memoria de labores y veamos qué ha hecho como alcalde en estos últimos cinco años. Contrastemos esto con su propuesta electoral como candidato a alcalde y el estado en que encontró la alcaldía cuando tomo posesión y de ahí saquemos nuestras conclusiones. Si desconocemos el rendimiento de Salvador Sánchez Cerén como ministro de Educación y/o vicepresidente de la República, preguntemos cuál ha sido su rol y logros como vicepresidente, revisemos los resultados de la PAES de los últimos cuatro años, visitemos la escuela pública más cercana para constatar su estado físico, tecnológico y condiciones en general, platiquemos con algún docente que ahí labore o con un padre de familia cuyos dependientes asistan a la escuela en cuestión, dependiendo de nuestros hallazgos y nuevamente el cumplimiento de las promesas de campaña, extrapolemos de ahí lo que podemos esperar de un gobierno de este candidato. Pero por favor salgamos de nuestra zona de confort y dejemos de esperar sentados que la información nos caiga del cielo ya masticada a la medida de nuestras expectativas, se trata de ayudar a mover la carreta, no sentarse encima de ella y esperar que otro lo haga.

La responsabilidad de los candidatos es proponer insistentemente, la nuestra elegir educadamente. Los partidos políticos en época electoral cuentan su historia, los electores decidimos si es creíble. Los comandos de campaña buscan votos, nosotros soluciones. En 2014, a diferencia de elecciones pasadas, las cartas están sobre la mesa y boca arriba, no se vale creer en promesas vacías, ni en candidatos incompetentes, vivimos en la era de la información, seamos diligentes e investiguemos, así como esperamos más de los partidos y sus candidatos, nuestro país y las futuras generaciones esperan más de nosotros.

*Colaborador de El Diario de Hoy.