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No hay almuerzo gratis

Hace pocos años, caminando en el parque nacional El Imposible, en un momento determinado el guía hizo una señal para que nos detuviéramos y permaneciéramos en silencio. Con sorpresa vimos en el fondo de una barranca una piara de unos veinte cerdos salvajes, conocidos entre nosotros como "cuches de monte". Bajaban a beber en la quebrada y no se habían percatado de nuestra presencia. Sin embargo, uno de nosotros resbaló y llamó su atención: la estampida fue notable, desaparecieron en un santiamén, y nos dejaron con la sensación de haber visto algo extraordinario.

Estos animalitos, gregarios y prolíficos, tienen como principal defensa su velocidad, y en el caso de los machos su capacidad de enfrentar pelea cuando no les queda otro remedio. Por eso me llamó la atención cuando leí acerca del modo en que en algunas regiones brasileñas los atrapan.

Se busca un claro en la selva, cercano a la zona que frecuentan los jabalíes, y se tiran al suelo granos de maíz. Pronto son descubiertos por los puercos y como no hay nadie, comen tranquilamente. Todos los días se les deja unos puñados de maíz para que se alimenten, y los jabalíes vienen tranquilamente a comer. Cuando ya se les ha hecho costumbre, el cazador construye una cerca en el lado contrario al que suelen acceder al claro. Una vez se acostumbran a la pared y siguen viniendo a comer, se construye otro lado de la valla. Se habitúan nuevamente y siguen viniendo. Se construyen los cuatro costados de la empalizada y se deja abierta una puerta por la que entran a comer. Hasta que un buen día los cazadores cierran el portón y todo el grupo de puercos queda atrapado.

De golpe, al saberse encerrados intentan liberarse. Corren en círculos buscando la salida, pero ya están sometidos. Como fueron alimentados "gratis" se acostumbraron a que se les diera todo, y no se dieron cuenta del peligro.

Como el lector ya habrá adivinado, esta es una alegoría del populismo. El maíz "gratis" son los programas de ayuda social empleados de manera artera. Por supuesto que hay subsidios y acciones gubernamentales necesarios en una sociedad tan dispareja como la latinoamericana. El problema no está en las acciones gubernamentales, sino en la costumbre que la gente común y corriente llega a alcanzar, hasta el punto de entregar su libertad por unos granos de maíz.

Por definición, en una democracia, las personas renuncian voluntariamente al ejercicio de su libertad en algunos ámbitos de la vida social, de tal manera que entrega a los políticos y sus representantes legítimamente escogidos dicha porción de libertad, en la confianza de que hagan bien su cometido: que se preocupen fundamentalmente del bien común, y de administrar los recursos de la cosa pública en beneficio del mayor número posible de ciudadanos.

Si uno se inclina en pensar hacia la izquierda, termina por considerar que lo que deben hacer los funcionarios es velar por los más débiles, organizar la sociedad para que haya una mayor igualdad, y --principalmente-- darle más importancia al conglomerado social que a las personas individuales. Si, en cambio, uno se acosta hacia la derecha, el ciudadano y sus libertades están por encima de la sociedad, sin dejar de lado a ésta, por supuesto.

Populistas los hay de izquierda y derecha, porque el populismo es una ilusión que se apoya en el deseo de las personas de que "alguien" les resuelva la vida. Al principio, todo parece ir bien, hay comida en abundancia, libertad y seguridad. Hasta que se cierra la puerta y la gente se queda encerrada en la empalizada. Con maíz pero sin libertad, al principio, y después, sin maíz ni libertad.

*Columnista de El Diario de Hoy.

@carlosmayorare