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Hasta el último minuto

Para los médicos el hablar del retiro es algo así como una fantasía o una ilusión óptica. Como cuando, por el efecto del sol en el desierto, se mira a lo lejos un oasis y a medida que uno se acerca se da cuenta que no existe o que está más allá. Son pocos los que se retiran del todo. Pueden hacerlo en su ejercicio institucional pero siguen trabajando en forma particular, muchas veces hasta que las facultades físicas ya no dan para más o hasta que se ven sorprendidos --o no tan sorprendidos-- por la muerte. Son de los profesionales que trabajan por más años, y en no pocos casos se mantienen al pie del cañón hasta el último día. Es más, el envejecimiento le da al médico mayor autoridad, lo hace más confiable a la vista de los pacientes. "Lo creía a usted mayor", me dicen algunas veces quienes me ven por primera vez. Porque en la Psiquiatría este aspecto es aún más notable. Las personas creen que todos los psiquiatras son viejos, que usan una larga y blanca barba y que siempre portan lentes gruesos. Imaginan que nos parecemos a Freud. A veces uno tiene hasta que disculparse por no llenar a la primera impresión física las expectativas de los pacientes, asegurándoles que este defecto lo corregiremos con el tiempo. En lo que nos parecemos a Freud es que al igual que él el retiro no es parte de los planes.

Y, desde varias perspectivas, es una bendición que así sea. Sería terrible que los médicos fuéramos como muchos deportistas, que a los 35 años piensan en el retiro. Muchos médicos a los 35 años apenas han terminado su sub especialización. Retirarse de la acción a los 60 sería como un desperdicio de tiempo y esfuerzo. Sería percibido como un contrasentido. El quehacer médico es arduo pero al mismo tiempo un privilegio.

Así es o así debería ser en otras ocupaciones que demandan más que todo esfuerzo intelectual. Pero es común pensar en el retiro como algo deseable, como la luz al final del túnel. Muchos cuentan los años, los meses y los días en que ocurrirá, y se forman ilusiones. Se imaginan días enteros en la cama viendo la televisión o, los que se retiran con cierta solvencia, con semanas navegando en altamar. Cuando llega el momento tan esperado se compran una pantalla plana gigante o un bote de dos motores. Y después de unos meses ya se cansaron de los mismos programas, repasaron las mismas películas y se aburrieron del agua salada y de comer pescado. Como se descansa mucho se duerme mal y como los pasatiempos se tornan repetitivos la vida se vuelve monótona.

No se hace uno un favor con el retiro y menos con uno prematuro. Aunque a veces no lo parezca la verdadera bendición es el trabajo. El mantenerse profesionalmente productivo es parte de la salud mental. A una persona de edad avanzada que mantiene su productividad se le verá feliz y satisfecha. Y también se le verá sana.

Pero a veces no hay más remedio que retirarse. En ese caso, en lugar de planear un descanso sin límites, que sólo dará paso al declive de las facultades, se debe ver la forma de mantenerse ocupado en actividades productivas y estimulantes. La vida es corta y hay que aprovecharla. Ya se descansará cuando el camino llegue a su fin.

*Médico psiquiatra.

Columnista de El Diario de Hoy.