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Hagamos nuestra la Transfiguración de Jesús

"La invitación que el Padre dirige a los discípulos, testigos privilegiados del extraordinario acontecimiento de la Transfiguración de Jesús, resuena de nuevo hoy para nosotros y para toda la iglesia. Como Pedro, Santiago y Juan, también nosotros estamos invitados a subir al Monte Tabor junto con Jesús y a quedar fascinados por el resplandor de su gloria".

Lo anterior es parte de la homilía que el Papa Juan Pablo II dirigió en 1999, con motivo de celebrarse el misterio de la Transfiguración y que hoy en día se hace necesario que los salvadoreños retomemos estas palabras ante la proximidad de volver a vivir este pasaje importante en la vida de Jesús.

Es oportuno recordar que el acontecimiento de la Transfiguración tuvo lugar previo a la Pasión y Muerte de Cristo. Jesús invitó a presenciarla a Pedro, Santiago y Juan. A ellos les concedió este don.

Ocurrió, que mientras Jesús oraba, porque en la oración es cuando Dios se hace presente, los apóstoles vieron a Jesús con un resplandor que no se puede describir con palabras, su rostro brillaba como el sol y sus vestidos eran resplandecientes como la luz.

Según el pasaje bíblico, aparecieron hablando con Jesús Moisés y Elías. Moisés fue el que recibió la Ley de Dios en el Sinaí para el pueblo de Israel, representa a la ley. Elías por su parte, es el padre de los profetas, respectivamente, que vienen a dar testimonio de Jesús, quien es el cumplimiento de todo lo que dicen la ley y los profetas. Pero además, resonó la voz del Padre: "Este es mi hijo amado, en quien me complazco, escuchadlo".

Ellos hablaban de la muerte de Jesús, porque hablar de la muerte de Jesús es hablar de su amor por la humanidad, es hablar de la salvación de todos los hombres. Precisamente, Jesús transfigurado significa amor y salvación. Era tanto el gozo del apóstol Pedro al experimentar lo que es el cielo, que se ofreció levantar tres ramadas, una para Jesús, otra para Moisés y una más destinada a Elías.

Indudablemente, el propósito de la Transfiguración de Cristo fue parte de su gloria celestial, para que sus discípulos pudieran tener una mayor comprensión de quién era Jesús. Cristo experimentó un cambio dramático en su apariencia con el fin de que los discípulos pudieran percibir su gloria.

Los discípulos que sólo lo habían conocido en su cuerpo humano, ahora tenían una mayor conciencia de la divinidad de Cristo, aunque no podían comprenderla plenamente. Ser testigos de este acontecimiento les concedió la seguridad que necesitaban para enfrentarse a la noticia de su inminente muerte.

No olvidemos a la Virgen María, madre de Jesús, quien se unió a él cada vez más en la fe, en la esperanza y en el amor, cooperando así en la salvación. Ella es el modelo para quienes acogen la palabra de Cristo. Con su experiencia nos estimula a aceptar las pruebas y los sufrimientos, teniendo la mirada fija en la felicidad que ha prometido Jesús a quienes escuchan y cumplen su palabra.

Valoremos lo dicho por el papa Francisco: "Ser cristiano es una llamada de amor, una llamada a convertirse en hijos de Dios y nadie lo es por casualidad". El Santo Padre enfatizó que la certeza del cristiano es que el Señor jamás abandona y pide seguir adelante en medio de las dificultades.

Durante los festejos que se avecinan, tengamos presente la voz del Padre en los momentos de la Transfiguración de Jesús, al presentar a su hijo predilecto invitándonos a escucharlo, a seguirlo, y juntos con él, subamos al Monte Tabor para dedicar más tiempo a la oración, para que nuestro país que lleva su nombre, salga adelante de la crisis económica, social y de valores, en la que se encuentra sometida.

*Diputado presidente de la Comisión de Salud.