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Haciéndose los tontos

Las elecciones pasadas tuvieron un nivel de informalidad que raya en lo grotesco. En cualquier país que se respete esto sería intolerable. En El Salvador, sin embargo, la gente ha respondido con una negligencia increíble hacia la defensa de sus derechos ciudadanos, atribuyendo a la ineficiencia burocrática el atraso, los eventos inexplicables y sospechosos (como cuando el Tribunal Supremo Electoral no dejó entrar a nadie por varias horas al local en el que estaban los cajones con los votos), los caóticos procedimientos administrativos, el abandono, la incapacidad, la flojedad y la desidia. Es como si la gente perdonara todos estos pecados como rasgos que son aceptables por las bajas expectativas que tiene de lo que hace la burocracia.

Pero en medio de todas estas las incapacidades, la prisa por irse de vacaciones, y las declaraciones sin sentido, se deslizaron serias anomalías que las palabras "incongruencias" o "errores involuntarios" no describen ni de cerca. La palabra "incongruencia" se ha usado, por ejemplo, para referirse a falsedades obvias en muchas actas, que deberían haber llevado a la apertura inmediata de las cajas en las que están los votos. En vez de esto, con el apoyo del FMLN, el TSE decidió no abrirlas e ignorar los votos que esas cajas contienen, lo cual equivale a negarles el voto a todos los que votaron en esas urnas. A ningún salvadoreño se le debería de negar el voto. En este caso, estamos hablando de muchos más. Estas personas son más de cien mil. En muchas actas faltan o sobran votos, hechos que deberían investigarse, ya que podrían incluso evidenciar qué papeletas fueron metidas en las urnas antes o después de las elecciones.

Pero la gente ha decidido no hacer ni decir nada. Con esto la ciudadanía está enseñando al TSE y al FMLN, aliados en el proceso, que paga jugar a aburrir al pueblo, y que si los procedimientos se atrasan lo suficiente, la gente se va a hastiar y va a permitir que se haga cualquier cosa con los resultados con tal de que se terminen los procesos. También le demuestran al TSE que aunque se hagan barbaridades, basta con poner a hablar a un vocero que parezca incapaz de armar una oración bien hecha, y mejor a uno que lo sea realmente, para que la gente perdone cualquier irregularidad porque piensa que todos los burócratas son incompetentes. "Es que son tontos", dice la gente, sin pensar que quizás son demasiado vivos, o que son controlados por gente demasiado viva. La hipótesis de que todo esto es el resultado de estupidez no coindice con los hechos por dos razones.

Primero, el hecho de que todas estas cosas sucedan al mismo tiempo -- el atraso inconcebible, las declaraciones que simulan que las irregularidades son el resultado de tonterías y el hecho que el FMLN ha cerrado filas para que esas irregularidades se produzcan y se mantengan-- es acusatorio de que algo no está siendo transparente. Segundo, mientras que los tontos cometen errores en todas las direcciones, las barbaridades que se hicieron con la votación se han cometido sólo en la dirección que el FMLN ha demostrado que deseaba.

El dejarse vencer por el aburrimiento y el dejarse impresionar por la imagen de inocente bobería es una manera miope de ver las cosas. Sólo el hecho de dejar gente sin el derecho del voto ya es una trampa hacia todos los que votaron y no se les ha querido contar sus votos. Pero además, la gente que quiera hacer trampa ya sabe que esta es la manera de hacerla: atrasar los resultados y generar condiciones para que haya irregularidades, preferiblemente donde los partidos oponentes tienen más votantes, sabiendo que luego podrá argüirse que existen actas con irregularidades (como que el representante de un partido político no quiera firmar, o firme mal) para que los votos en esas urnas no se tomen en cuenta.

Aun gente que debería de saber mejor, como los directivos de los otros partidos políticos, ya no quieren hablar de las irregularidades porque sienten que ya salieron bien, sin darse cuenta de que se están creando precedentes que será más difícil reversar en futuras elecciones.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.