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¿Hacia dónde va El Salvador?

Los planes del FMLN no incluyen el competir limpiamente en las próximas elecciones. La situación es, por lo tanto, más grave, ya que no existirá en el futuro la posibilidad de castigar y remover a los responsables de un mal abordaje

Esta semana, La Prensa Gráfica publicó los resultados de su más reciente encuesta, dimensionando numéricamente el descontento ciudadano con la gestión del oficialismo. Según los hallazgos publicados, el 74.4% de los entrevistados opinó que el país va por el camino equivocado y el 72.1% señaló que la inseguridad es el principal problema para los salvadoreños. Indudablemente, estas cifras están directamente relacionadas con el pésimo abordaje oficial de problemas críticos, resultante de la desmedida e inamovible prioridad asignada por el Estado a los intereses partidarios. Esto ha llevado a que los homicidios incrementen en 75% durante este año y, consecuentemente, a que El Salvador se convierta en el país más peligroso del mundo.

La negociación entre las autoridades y las pandillas  se enmarca en esta forma particular de dirigir el aparato de seguridad. La designación de funcionarios en instituciones de seguridad basada en su lealtad al oficialismo, en lugar de su idoneidad profesional, educativa y técnica, también se deriva de la concentración en objetivos políticos. Es así que cómo, a veces de forma deliberada y, en otras ocasiones como resultado inadvertido, el partido oficial ha sacrificado la seguridad de los salvadoreños por intereses partidarios.

Esta dinámica no es exclusiva de los gobiernos del FMLN. También fue evidente durante los de ARENA con el plan Mano Dura y sus subsiguientes iteraciones. Sin embargo, existe una diferencia fundamental que es necesario explicar para tener una lectura más acertada de los dos escenarios y, de esa forma, poder hacer pronósticos válidos de lo que espera al país.
 
La historia de diferentes países y ciudades demuestra que el Estado tiende a reaccionar de forma inadecuada ante problemas de seguridad emergentes, como las pandillas, concentrando su respuesta en el incremento del trabajo policial más visible desarrollado por los policías uniformados. Siguiendo este nefasto abordaje inicial, los gobiernos de ARENA formularon y ejecutaron el Plan Mano Dura. Hasta este punto, el tratamiento de la situación no involucra objetivos partidarios. Puede estar relacionado con posiciones ideológicas sobre la seguridad pública, pero no persigue objetivos partidarios.

Paralelamente, no obstante, la situación fue explotada para generar réditos políticos. Así es como los intereses partidarios de ARENA contaminaron las estrategias de seguridad en sus gobiernos. Esta dinámica también es un elemento común en la historia de diversos países. La forma en que Bill Clinton explotó el pánico colectivo generado en el contexto de la masacre perpetrada en la escuela secundaria de Columbine, para distraer la atención de la ciudadanía de la investigación parlamentaria de Whitewater y las acusaciones hechas en su contra por transgresiones sexuales, es uno de los ejemplos más citados por criminólogos. Otro es cómo las autoridades de Nueva Orleáns manipularon la proyección mediática de las condiciones  de seguridad en la ciudad después del Huracán Katrina, para esconder su    deficiente atención de la emergencia.

Aunque esta práctica política es condenable e implica graves consecuencias para la seguridad ciudadana, el componente político que las acompaña es temporal y busca beneficios en el corto plazo. El problema con el oficialismo en El Salvador es diferente, ya que no se circunscribe a situaciones específicas, sino que obedece a un proyecto político que no considera prioritario generar réditos políticos para tener una ventaja electoral  y funciona bajo la premisa de lograr la consecución de objetivos políticos sin importar el descontento ciudadano. La manipulación de percepciones tácitamente reconoce la importancia que se adjudica a la opinión pública. La dinámica que sigue el oficialismo, sin embargo, evidencia que los intereses políticos no están relacionados a simpatías ciudadanas. 

Esto es peligroso, ya que sugiere que los planes del FMLN no incluyen el competir limpiamente en las próximas elecciones. La situación es, por lo tanto, más grave, ya que no existirá en el futuro la posibilidad de castigar y remover a los responsables de un mal abordaje. Este es el rumbo que lleva El Salvador. 

*Criminólogo.
@cponce_sv