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¿Habrá bastado con esconder al profesor?

Hasta hace todavía algunos meses, Salvador Sánchez Cerén era, literalmente, la peor opción que el FMLN podía elegir como candidato a la Presidencia de la República. Si en 2009 alguien como Mauricio Funes, con una gran habilidad para ocultar su temperamento autoritario mediante un discurso articulado, apenas había logrado ganar por estrecho margen a ARENA, que en ese momento, por obra y gracia de Tony Saca, llevaba al peor de los candidatos posibles, ¿cómo es que a la vuelta de cinco años podía siquiera pensar el Frente que alguien como Sánchez Cerén iba a garantizar su continuidad en el gobierno?

Los resultados de la gestión Funes tampoco son para fanfarronear. La inseguridad es hoy más agobiante que nunca, los actuales índices económicos harían ruborizar a cualquier gobernante con un mínimo de decencia y la institucionalidad del país ha sufrido un acoso político constante, en ningún sentido comparable a nada de lo que hayamos visto desde la firma de los Acuerdos de Paz. La herencia de Mauricio Funes es, en resumen, funesta. Sólo con propaganda burda y demagógica, pagada con nuestros impuestos, es posible hacer creer a la gente que el partido oficial tiene más logros que fracasos en este lustro vergonzoso.

Pero si el ejercicio del poder ha evidenciado la incompetencia del Frente para la administración de los asuntos públicos, su ejercicio de la política electoral ha necesitado de todas las artes del disimulo y la doblez moral para convertir al peor de sus candidatos en una opción digerible, más pasable, menos mala, para los votantes salvadoreños. La gran pregunta es si el FMLN ha conseguido sepultar, bajo una montaña de dinero, las inocultables deficiencias de Salvador Sánchez Cerén como aspirante a dirigir el país, y si esa estrategia de evasiones y acrobacias discursivas ha sido capaz de hacernos olvidar, en nuestro imaginario colectivo, qué es y de dónde viene el partido oficial.

Que el profesor Sánchez sigue siendo un candidato pésimo y deslucido lo dice a gritos la propia campaña del FMLN, tanto que es imposible recordar a un aspirante presidencial que haya estado más ausente de los foros de opinión pública. El periodista Fernando del Rincón, de CNN, lleva varios días solicitándole que comparezca en su prestigioso programa, y semejante invitación, que para cualquier candidato latinoamericano sería inestimable, para los estrategas del Frente es un riesgo ma-yúsculo: así de obvio es que desconfían de la capacidad de argumentación y réplica, de articulación de ideas, de Sánchez Cerén, quien por otra parte, con todo respeto, tiene el carisma de una ostra.

¿Qué ha hecho, pues, el Frente en estos interminables meses de proselitismo? Lo único que se puede hacer con un candidato tan malo y una chequera tan abultada: meterle mucho billete a la demagogia, esconder lo más posible al profesor Sánchez y dejar que Mauricio Funes, con el cinismo y la arrogancia que le caracterizan, desgastara por cualquier medio al rival político, una labor deshonrosa que nuestro Presidente ha cumplido a cabalidad, no sólo abusando de los recursos del Estado, sino pisoteando por completo la Constitución de la República.

Y así es como llegamos a la última semana antes de las elecciones del próximo domingo, con un mandatario que rompió todos los límites de la cordura democrática, un partido oficial que parece haber ganado la guerra de las percepciones y una sola opción política opositora que nunca halló la manera de enfrentar la estrategia hábil y coherente --aunque claramente inmoral-- que le montaron.

¿Ha sido todo lo anterior suficiente para que el FMLN haya por fin hecho creer a El Salvador que su histórica vocación antisistema y su dogmatismo ideológico han desaparecido? ¿Una campaña millonaria era lo único que el Frente necesitaba para finalmente colocar a uno de sus comandantes en la silla presidencial? Me resisto a creerlo. Prefiero confiar en el sentido común y la madurez de un pueblo que sabe lo que vale su libertad.

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.