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Hablemos otra vez sobre salarios

Convendría que siempre, previo a realizar un aumento salarial (por decreto o por productividad) se capacitara al personal para el buen manejo financiero

Se habla de incrementar el salario mínimo porque todo ha subido de precio: agua, luz, teléfono, transporte, impuestos, etc., más el costo inaudito que representa la inseguridad. Todo esto afecta tanto a los hogares como a las empresas, por lo que el tema debe analizarse técnicamente, sin populismos, para no afectar aún más a las familias que “dicen” querer defender.

 Hay sectores en los que incrementar cualquiera de sus costos significa el tiro de gracia. Entiéndase que mantener un rubro deficitario, equivale a un suicidio. Y, al cerrar un negocio, el empleado pierde los ingresos familiares, el empresario pierde su inversión y los consumidores perdemos un producto que ya no estará en el mercado. Hasta el gobierno pierde los impuestos que cobra. Por eso, el salario correcto es el que se paga en base a productividad, no por decreto.

Contrario a la campaña en contra del sector empresarial, acusándoles de querer mantener “salarios de hambre”, la realidad es que el empleador es el más interesado en que su personal reciba un salario digno, con el cual pueda satisfacer sus necesidades propias y familiares: que sus hijos tengan salud y educación privadas, que disfruten de vacaciones familiares sin estrecheces, que puedan ahorrar para formar un capital propio que les dé tranquilidad, etc. Y que tengan suficiente capacidad económica para comprar y consumir, estableciendo así un espiral positivo en la economía. Es decir: las aspiraciones empleador/empleado son totalmente coincidentes. 

Los salarios, generalmente, se establecen de acuerdo a la dificultad y responsabilidad del cargo, los conocimientos y grado académico requeridos, la productividad, la actitud hacia el trabajo, hacia el resto del personal y hacia los clientes, así como el crecimiento de cada quien – como persona y como empleado - en el desempeño de sus labores. Cada empleado, además del salario especificado, recibe prestaciones adicionales, calculadas en base al salario establecido: ISSS, INSAFORP, AFP, vacaciones, aguinaldo, etc. Además, la mayoría de empresas formales (cuyo “salario mínimo” es mayor al legal) van más allá de las exigencias de ley, proveyendo uniformes, bonificaciones, seguros privados, educación y capacitación continuas, becas y otros beneficios que aumentan significativamente el costo de cada empleado, pero representan para éste una mejoría directa. Lógicamente, un empleador no puede tener empleados deficientes: sería un desperdicio de recursos para él y una injusticia para los empleados que sí cumplen. Por eso, si el gobierno quiere realmente beneficiar a los trabajadores salvadoreños, más que ofrecerles mayores canonjías debería proveerles con una educación de calidad. 

Los problemas económicos no son originados por escasez de ingresos, sino por exceso de gastos. El multimillonario Warren Buffett comenta que antes de gastar en algo, se pregunta: “Esto, ¿lo necesito? Si no lo compro hoy, ¿me hará falta mañana?” Si se responde “NO”, sencillamente, no gasta en eso. Por eso Buffett es multimillonario y nosotros no. Obvio.

Convendría que siempre, previo a realizar un aumento salarial (por decreto o por productividad) se capacitara al personal para el buen manejo financiero, incluso mediante charlas con expertos en la materia que propongan métodos sencillos, comprensibles, ejecutables y medibles. Adquirir una “mentalidad económica” es un esfuerzo que bien vale la pena.

Si no, veamos: nuestro actual gobierno es el caso perfecto del mal administrador. Démosle los ciudadanos el buen ejemplo, organizando bien nuestras finanzas para este año, que se presenta tan difícil.


*Columnista de El Diario de Hoy.