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Guía de conductas sugeridas tras la beatificación de monseñor Romero

No es de todos los días que a uno le beatifiquen, y en su propio país, a una figura histórica. Nunca en el país habíamos vivido algo así. Eso de aparecer en las noticias internacionales y robarnos varias portadas por algo más que nuestras estadísticas de homicidios es una sensación que todos estamos estrenando. Por eso, es de esperarse que muchos no estemos muy seguros de cómo tenemos que comportarnos ante un acontecimiento de la magnitud de la beatificación de monseñor Romero, por lo que a continuación, ofrezco una guía de sugerencias que podrían ser útiles.

1. Infórmese. Si eso no es lo suyo, no hable. Parafraseo esta sugerencia prestada de las palabras de una persona de notable sapiencia que sugirió que para no hablar de lo que no sabe, vaya y se esfuerce por conocer a profundidad la figura y mensaje de monseñor Romero. El mensaje, intente conocerlo de las palabras que salieron de su boca y no de las interpretaciones o del uso que muchos hayan hecho de ellas. Al final, cada quien es responsable de lo que dice, no de cómo se lo interpretan. Es por sus palabras, acciones y ultimadamente, su sacrificio de sangre que está siendo beatificado monseñor Romero, no por el uso que de su figura han hecho muchos. No sea perezoso: lea sus textos y aproveche que existen sus audios para oír su voz. Pregunte a quienes le conocieron sobre sus experiencias y lea testimonios de quienes lo han estudiado por años. "Nunca va a tomar agua limpia si la bebe de cántaros sucios", por eso, busque buenas fuentes para poder hablar de monseñor Romero con algo de propiedad. Si lo anterior no es lo suyo, no hable.

2. No sea patán y respete. Que yo sepa, la pregunta "¿quiénes son sus santos favoritos?" no es común. Por lo menos, a mí, nunca me la han hecho (Santa Helena, Santa Juana de Arco y Santo Tomás de Aquino, en ese orden, por si querían saber). Por lo tanto, si nadie se la ha hecho, que publique su diatriba de repudio devocional a monseñor resulta tan molesto como el vegetariano al que nadie ha invitado a la barbacoa, pero aún así insiste en informar al mundo por qué se rehúsa a comer carne. No malinterprete esta sugerencia: la libertad de culto le asiste y nada le obliga a ser devoto a monseñor Romero solo por ser salvadoreño o católico. Además, tanto a usted como al vegetariano les protege la libertad de expresión, pero si la va a usar para emitir una opinión que no genera valor y que más bien, puede terminar ofendiendo sensibilidades, usted será libre -- ¡felicidades por eso! -- pero es también, patán.

3. No se apropie. Si usted es político y quiere aprovechar las festividades para sacar crédito político de la obra espiritual de un mártir, deténgase. No es solo un descaro y populismo religioso identificable a leguas, es también igual de ridículo que intentar tomar crédito del aterrizaje en la luna solo porque lo vio por televisión.

4. Esté orgulloso e inspírese. Él circuló por nuestras calles y vio con sus ojos los nuestros cielos azules. Amó a nuestros pobres y creyó que se podía construir paz y unión en un país dividido por la guerra. Intentemos --que no le cae mal a nadie y tanto le serviría al país-- hacerle justicia a su legado con nuestras obras y enorgullezcámonos, pues tenemos el privilegio de compartir tierra con un santo.

*Lic. en Derecho de ESEN con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University. Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg