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El grupo promotor

El panorama para el próximo quinquenio está bastante claro: o el gobierno dialoga con la sociedad y con sus pares en los partidos políticos o el país se hunde. Que lo hagan por convicción o por estrategia no será lo importante sino los resultados que se obtengan. Ojalá ciudadanos y políticos actuaran motivados por la firme creencia en el debate y en el consenso de las ideas. En todo caso el único límite para la concreción de los acuerdos a los que se arriben deberá ser el respeto de la ley, de la moral y del orden público.

Una administración del Estado aislada de la realidad se arriesga a fracasar y con sus fallos y frustraciones arrastrará a la población entera a un futuro muy incierto. Por esta razón los electores deben estar muy atentos a la disposición que muestren los candidatos durante la campaña para suscribir pactos de gobernabilidad y mirar con sospecha a quienes rehúyen este tipo de compromisos.

El 1º de noviembre los diferentes candidatos y los máximos representantes de los partidos políticos firmaron un acuerdo promovido por un grupo de respetados ciudadanos identificados con el progreso de El Salvador. Con excepción del partido de gobierno, el conjunto de actores políticos asumió públicamente el reto de discutir acciones que permitan enrumbar, en los próximos treinta años, la economía, la seguridad pública, las finanzas del Estado, la institucionalidad democrática y la educación.

La ausencia del candidato de izquierda en el acto de lanzamiento del acuerdo de Nación no cierra las puertas a su incorporación en el futuro cercano. Estos gestos políticos, normales en tiempos electorales y en un proceso de diálogo tan complejo, no deben asustar ni al grupo promotor ni a los que entusiasmados asistieron a la firma del pacto inicial. Como señaló el Embajador del Perú, la sociedad civil organizada juega un papel de primer orden en este tipo de procesos que se desarrollan en tiempos de paz. A ella le toca transformar la sospecha en presión social para que participen quienes por razones políticas no acudieron a la convocatoria original.

Probablemente faltó más discusión sobre los ámbitos a debatir en los próximos meses y menos publicidad hasta que el esfuerzo hubiera avanzado a un estado más concreto, pero en época electoral es imposible callar y esconder hechos políticos trascendentales principalmente cuando se trata de aquellos que buscan terminar con la polarización y encontrar el sendero del diálogo y el consenso nacional.

Por ahora la foto está tomada y el compromiso adoptado. Es importante agregar testigos ciudadanos e insistir en la incorporación del FMLN y con ello iniciar un intercambio con organizaciones civiles, centros de pensamiento y organismos internacionales que permitan, desde un inicio, contar con el acompañamiento necesario que haga crecer el esfuerzo.

La experiencia demuestra que no hay recetas ni franquicias en materia de diálogo social y acuerdos políticos. En algunos casos los países necesitan transitar de un sistema autoritario a otro democrático y terminar con profundos conflictos que en ciertas ocasiones se han cristalizado en sangrientas guerras civiles. Chile, España y El Salvador son ejemplos claros de esta categoría de pactos.

Otros como el caso peruano o más recientemente el mexicano, decidieron enfrentar con valentía y de manera directa situaciones que les llevaron a condiciones económicas precarias o de falta de competitividad y de irrespeto al Estado de Derecho o bien debilitaron su sistema político desencantando a los ciudadanos. Ambos estados no necesitaron de una guerra o de una dictadura para que sus principales liderazgos tomaran decisiones colectivas que les permitiera impulsar grandes transformaciones en diferentes ámbitos.

La participación de los partidos políticos en un esfuerzo de este tipo no limita ni cancela su visión crítica de la realidad nacional. Sentarse a una mesa a dialogar no elimina el ideario del partido ni contamina sus anhelos de país. Por el contrario estos espacios de discusión permiten contrastar las ideas y ubicar los cauces donde coinciden quienes siempre creyeron que era imposible encontrar semejanzas.

Tampoco las diferentes iniciativas de diálogo se repelen una a otra. En un país donde las élites sociales, políticas y económicas están conscientes que se ha tocado fondo, surgen siempre proyectos y personas que los lideran encaminados a una reedición de los acuerdos de paz. Estos gestos también deben encontrar el momento y las circunstancias para acercarse y empujar juntos en una sola dirección.

El Latinobarómetro 2013 dice que tenemos dos Américas Latinas, la que disfruta de los beneficios del crecimiento y la que mira cómo disfrutan los otros. Agrega que veremos más y más las protestas como manifestación de una ciudadanía consciente de las deficiencias del sistema económico, político y social. Y termina señalando que hay demanda por más democracia. Esa es la realidad a la que se enfrentará el próximo gobernante salvadoreño.

*Columnista de El Diario de Hoy.